DEMOCRACIAS SIN PADRE

 

 

 

Marie-Hélène Brousse*

 

Mi objetivo, durante este Fórum “Deseos decididos por la democracia en Europa”, no es ni compartir con ustedes mis convicciones de ciudadana ni lanzarme a una crónica política, porque no tengo ni ganas ni competencia. No veo más que una razón para tomar aquí la palabra: mi práctica, ya larga, del psicoanálisis de orientación lacaniana.

Democracia: punto de discordia del discurso convertido en universal.

Partiré de una frase de Lacan de la que Jacques-Alain Miller despliega sus implicaciones: “Ni siquiera digo “la política, es el inconsciente”, sino simplemente “el inconsciente, es la política”” (1). Entonces, para mí se trata de partir no de la política, sino del inconsciente. La tesis según la cual “la política, es el inconsciente” es freudiana y reenvía siempre, en última instancia, al padre. La otra formulación, al contrario, no lleva al padre, sino al discurso del Otro tachado y a la cuestión de la verdad, que no es –la cura analítica está ahí para hacérnoslo tocar con los dedos- más que incompleta y cambiante, es decir, dividida.

J.-A. Miller subraya que si en el siglo XX “el totalitarismo ha sido una bella esperanza”, “-la de imponer un Uno que no sea la excepción paterna en el campo de la política-, el progreso de las democracias, de las cuales hoy la multiplicidad atestigua de sus diferencias, pone en evidencia lo que él llama “la discordia del discurso universal”. El vocablo permanece único allí donde explota en multiplicidad de formas: cacofonía.

 ¿Cuál es el S1 de la democracia?

El último espectáculo de Romeo Castellucci, uno de los más grandes artistas de teatro actualmente, se titula Democracy in America. He aquí quien viene a subrayar la coincidencia frecuente entre el arte contemporáneo y el psicoanálisis. Lo mismo que no se trata de aplicarlo a la política, no apliquemos tampoco el psicoanálisis a la obra. Dejémonos enseñar por ella.

Castellucci vuelve sobre el cambio inaugural del Antiguo Testamento por el Nuevo, operado por el puritanismo, y da el otro fundamento de la democracia en América, perfectamente compatible con la declaración de la universalidad de los derechos del Hombre. Nada de Papa con los protestantes. Un mismo hilo argumental se desprende de sus últimas creaciones: mujeres que se cortan la lengua, Moisés canta “palabras, palabras que me faltan”; se trata por tanto de palabras y de enunciación. La democracia está estructuralmente ligada a la palabra; es la palabra en todas sus formas, en todas las bocas, públicas o individuales, actuando contra el silencio, siempre refrendada por las diferentes modalidades que ha podido tomar el totalitarismo de los padres, aunque fueran los del pueblo. La palabra es poder, como lo demuestra la experiencia analítica.

Es una de las razones de mi deseo decidido hacia la democracia. La palabra –desde la toma de la palabra como acto hasta la palabra como la confesión de lo más íntimo-  está en el fundamento del psicoanálisis desde Freud: talking cure. Ningún psicoanálisis sin palabra, incluso si es para experimentar que, en el sujeto, nada es tan poco libre como ella. De ahí el escepticismo de Lacan hacia uno de los ideales, ciertamente necesario, pero irreal, de la democracia. Las palabras le faltan a Moisés, pero la palabra falta, no alcanza, nunca a la cosa. De ahí la pregunta que me acompaña en este texto: ¿qué le falta -en el sentido de fracasar- a la palabra democracia, sabiendo que en psicoanálisis, el indicador está del lado del fracaso?

El espectáculo Democracy in America empieza por variaciones sobre la combinación de las letras utilizadas en las palabras que componen el título, haciendo surgir anagramas irónicos (2), después continúa por la glosolalia, sonidos que no quieren decir nada, el “hablar en lenguas” -movilizado aun hoy por ciertas sectas en los Estados Unidos- y acaba con la relación entre Puritanos e Indios. Interrogándose sobre la necesidad de aprender la lengua de los Blancos, los Indios constatan que “sus palabras no dicen nuestras cosas”. Todo está orientado para Castellucci por la voluntad de mostrar que el sentido no es más que un efecto parásito de la materialidad de los sonidos.

La experiencia analítica pone este axioma plenamente a trabajar. Para orientarse en una cadena significante es necesario extraer significantes-amo (S1). Todo S2 -saberes o prácticas- está ordenado por un S1.

El vínculo social de las sociedades tradicionales reposa sobre la coincidencia en el lugar de agente de un Nombre y de la Ley. El ejemplo que Lacan toma en el Seminario III se refiere a la reina Athalia y a Dios. Sea lo que sea en las rivalidades ocasionales, el S1 coincide con un lugar de excepción única. En Democracy in America, Castellucci inventa un S1, el blasfemo, palabra que brota de la boca y del cuerpo de una mujer, inmediatamente excluida de la comunidad. Él mismo ha tenido que responder de esta acusación en Italia. En una democracia, la exclusión es el Uno que limita al todo, aquí los Indios, los Negros esclavos y, por supuesto, las mujeres. Nada de para todo sin estos Unos que no están en el todo.

Tocqueville ponía ya en evidencia que la democracia, hasta el presente, ha elegido siempre como S1 a la mayoría, es decir, lo cuantificable, el número. Lo que hace oponer implacablemente las libertades generales y la libertad de cada uno. Esta tensión es hoy en día patente en el primer plano de la escena contemporánea. La mayoría en posición de S1 ha reemplazado al padre.

Un paso más en nuestra modernidad: el objeto en lugar de S1

Hay una “discontinuidad irremediable” entre las democracias antiguas y modernas. Si la continuidad está del lado del significante, la discontinuidad está del lado de lo referencial. Las democracias modernas en tanto que Estados encuentran su referencia en el discurso capitalista. Orientadas por la producción y el consumo de masas y  puestas en correlación con los saberes científicos, han reemplazado el Nombre por el número, la calidad -se dice “una persona de calidad”- por la cantidad. Este impulso se ha extendido mucho más allá de Occidente. Lleva a los Unos-solos hacia un universal que tiende a saturar la falta por el objeto. Es lo que ya en 2004 J.-A. Miller mostraba en su texto “Una fantasía” (3). En el matema del discurso del amo actual, el S1 ha sido reemplazado en la posición de agente del discurso por un objeto más-de-goce.

Aunque, en este lugar de agente, el objeto puede suceder al S1 para sostener el todo, no tiene propiedades del nombre. Tocqueville ya había notado que la inestabilidad era uno de los rasgos de la democracia (4). Recientemente una expresión retorna de manera repetitiva en las propuestas de la primera ministra inglesa: strong and stable. Ella lo aplica al Reino Unido, al gobierno y a la orientación política en general. Stable, es justamente lo que no son las democracias.

El ideal de un goce democrático

La democracia moderna, acontecimiento de discurso, se ha constituido desde ese momento como un ideal de gobierno. Cada democracia se compara con este ideal. El goce hoy es necesariamente democrático, es un para todos, rechaza toda idea de privilegio.

¿Cómo se sostiene esta creencia en el ideal democrático?

Si se tiene en mente la “Nota sobre el padre” (5) de Lacan, se sabe que “el universalismo, la comunicación” homogenizando las relaciones entre los hombres, produce una “segregación ramificada, reforzada, recortándose a todos los niveles”, multiplicando “las barreras”. La democracia actual, fundada sobre la universalidad de los derechos del Hombre, produce por todos lados fronteras sobre los mismos territorios.

Triunfo del “nosotros”

Asistimos entonces a un desarrollo masivo de uno de los “dos modos de enunciación” de “el Ideal, en el grupo”, el del “Nosotros” del cual J.-A. Miller extrae la estructura en la “Teoría de Turín” (6). Desde el punto de vista del psicoanálisis, la dimensión del “Nosotros”, de lo colectivo, resulta de la relación entre los individuos -es decir, los yos (mois)- con el Ideal. La estructura imaginaria del “Nosotros” oponiéndose al “Ellos” viene a reforzar tanto el yo (moi) como el Ideal contra el sujeto y su falta-en-ser.

Este mecanismo se encuentra en el aumento actual de los nacionalismos y los racismos. Yo lo soy suficientemente como para medir, cada vez, la fuerza.

Pero, dialécticamente, también permite un  cuestionamiento de lo que es uno de los pilares de la democracia, la dictadura del Uno de una mayoría, por un aumento inédito de las minorías, de los excluidos del “para todo ciudadano”. Este movimiento hacia lo múltiple desafía la idea misma de mayoría. Constituyéndose como un “nosotros”, las minorías han tomado su lugar en la escena política: Blacklife matters o #Moiaussi.

Si, hasta entonces, la democracia podía sostenerse en sus excluidos para constituirse como un todo, parece que el movimiento vaya hacia adelante y ataque a lo que esta estructura permitía aun como privilegio. Los significantes excluido y exclusión se han convertido en significantes amo. Se va entonces hacia un todo que ningún Uno de excepción limitará. Para un analista de orientación lacaniana, ¿cómo no pensar en lo que Lacan logifica como el lado femenino de los seres hablantes?

De las minorías Lacan subraya su poder de innovación del vínculo social. Las sitúa del lado de la perversión y de la sublimación en tanto que atacan las normativizaciones de los modos de goce. Las minorías, ¿serán los escabeles de la democracia, o bien la causa de su transformación en segregación generalizada?

Deseo decidido de la democracia desagregativa

El psicoanálisis propone y pelea por otro modo de enunciación del Ideal. Cito a J.-A. Miller: frente al discurso “que consiste en oponer el Nosotros al Ellos”, “un discurso inverso puede emitirse desde el lugar del Ideal”, es un discurso “desmasificante” (7). No hay Nosotros de los cuerpos hablantes.

Mi relación con el psicoanálisis hace decidido mi deseo de separación de los “significantes amo que colectivizan”. Pero no se trata de situarse del lado de una excepción, sea del orden del Ideal o del desecho. Se trata de considerar a los parlêtres como soledades numerosas e irremediables, que hacen serie, no grupo. La experiencia analítica cura del Nosotros al precio de una pérdida de sentido muy gozosa. Otra relación con lo universal, esta vez no del todo consistente, adviene. Se lo deseo a la democracia.

*Psiconalista, miembro de la AMP (ECF)

 

Intervención en el Forum europeo de Turín de la EFP, “Deseos decididos por la democracia en Europa”, 18 de noviembre de 2017.

1: Miller, J.-A., Conferencia pronunciada en Milán el 12 de mayo de 2002, retomada en su curso “La orientación lacaniana. El desencanto del psicoanálisis”, lección del 15 de mayo de 2002 en Paris y publicada con el título “Intuiciones milanesas” en dos partes, en Mental nº 11 y 12.

2: Tales como: cocaine army medicare; carcinome cream die; camera demoniac cry, etc.

3:  Miller, J.-A., “Une fantasie”, intervención en el IV Congreso de la AMP, Comandatuba, 2004, publicado en Mental nº 15, febrero de 2005.

4: Tocqueville, La democracia en América, Robert Laffort, col. Bouquins, 2015. Así lo escribe: “Los hombres no haciendo más que pasar un instante en el poder, para ir a perderse a continuación en una masa que, ella misma, cambia cada día de cara, resulta que los actos de la sociedad, en América, deja con frecuencia menos rastros que las acciones de una simple familia […] La democracia, llevada a sus últimas consecuencias, perjudica al progreso del arte de gobernar.”

5: Lacan, J., “Note sur le Père” (1968), La Cause du désir, nº 89, 2015.

6: Miller, J.-A., “Théorie de Turin sur le sujet de l’Ecole”, Intervención en el 1º Congreso científico de la SLP en formación, 21 de mayo de 2000: http://www.causefreudienne.net/theoriedeturin/ y http://www.amp- nls.org/page/fr/60/thorie-de-turin-sur-le-sujet-de-lecole
7: Ibid.

(Traducción: Francesc Roca)

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