Comentario sobre el texto de Simone Weil: “Notas sobre la supresión general de los partidos políticos” (Palma, Ed. El Barquero, 2014)

 

Dolores Castrillo Mirat*

¿Quién fue Simone Weil y por qué elegirla como una fuente de inspiración para la red Zadig?

A lo primero respondería muy brevemente diciendo que S. W fue alguien inclasificable. Filósofa, mística, pensadora socialmente comprometida, su itinerario social e intelectual se manifiesta en tres direcciones: una búsqueda apasionada de la verdad que la lleva a estudiar filosofía y a interesarse por todas las manifestaciones religiosas; una marcada sensibilidad que se asombra ante la belleza del mundo y del arte, en donde presiente la huella de Dios, y una vulnerabilidad ante la desgracia de las clases más desfavorecidas, que la llevó a luchar por mejorar sus vidas. Su original personalidad fascina, no sólo por su pensamiento brillante y difícil de clasificar, sino porque supo combinar, con una coherencia del todo sorprendente, su pasión por el conocimiento con una honestidad y una ética personal que la movió a asumir compromisos vitales a favor de los más débiles, que estaban muy por encima de los que sólo hablaban desde la teoría. Ningún intelectual de izquierdas había intentado antes que ella experimentar con semejante intensidad la vida de los obreros. Es así como pasó de ser una profesora universitaria de prestigio y brillante porvenir a trabajar como obrera en una fábrica en condiciones infrahumanas; y de ser una niña perteneciente a la alta sociedad a alistarse en las Brigadas internacionales para combatir en la guerra civil española a favor del Frente Popular.

No debió de ser ajeno a este compromiso por los débiles que ella encarnó con tanta intensidad en su propia vida lo que fue, según ella testimonia,  su primera experiencia mística: “En 1935, después de mi año de fábrica, antes de retomar la enseñanza, mis padres me llevaron a Portugal y un día los dejé para ir sola a un pequeño pueblo de pescadores… Las mujeres de los pescadores caminaban en procesión junto a los barcos; portaban cirios y entonaban canticos de una tristeza desgarradora… Allí tuve de repente la certeza de que el cristianismo es por excelencia la religión de los esclavos, de que los esclavos no podían dejar de adherirse a ella, y yo me sentí entre ellos” [1]

En cuanto a ¿porqué S. W? , diré que, en este momento en que el que se ha creado una red con el propósito de que el discurso psicoanalítico pueda incidir en la política para hacer frente a los síntomas y a los malestares de la sociedad contemporánea, su pensamiento abre una vía inestimable para pensar como el psicoanálisis podría incidir en la política desde una posición que no se confundiría para nada con la lógica de los partidos políticos. Puedo añadir que me ha permitido  también entender una cuestión personal: por qué, a pesar de mi interés por la política, siempre sentí un rechazo a militar en un partido político.

Paso a comentar entonces algunas de las cuestiones que me han parecido esenciales de su texto: “Nota sobre la supresión general de los partidos políticos”

Discierne S.W. tres características esenciales de los partidos políticos

1 “Un partido es una máquina de fabricar pasión colectiva”.

2 “Un partido político es una organización construida para ejercer una presión colectiva sobre el pensamiento de cada uno de los seres humanos que son miembros de él.”

3 “El primer fin, y, en última instancia el único fin de todo partido político es su propio crecimiento, y ello sin ningún límite.”

“Por este triple carácter todo partido es totalitario en germen y en aspiración”[2].

Comencemos por la característica citada en tercer lugar.  S. W precisa que se trata de una inversión de la relación entre el fin y el medio. Un partido político es, en principio,  un instrumento para servir a una determinada concepción del bien público. Pero la concepción del bien público no es cosa fácil de pensar, es algo extremadamente vago; en cambio la existencia de un partido es algo evidente, que no exige ningún esfuerzo para ser reconocida. Esto hace inevitable que el partido se convierta en su propio fin. Se produce así  este deslizamiento: se establece como axioma que la condición necesaria y suficiente para que el partido sirva eficazmente al bien público es que posea una gran cantidad de poder. Pero ninguna cantidad finita de poder puede considerarse suficiente una vez que se ha obtenido. “Así la tendencia esencial de los partidos es totalitaria, (…) lo que se impone es la búsqueda del poder total.[3]

Esto implica para S. W que hay una afinidad esencial ente el totalitarismo y la mentira. Pues, desde el momento en que el crecimiento de un partido constituye un criterio del bien en sí mismo, se produce inevitablemente una presión colectica del partido sobre los pensamientos de los hombres.

Esta es la característica esencial de los partidos para S W: el ser una maquina de presión colectiva sobre los pensamientos de los hombres, lo cual, sostiene, hace de los partidos “organismos pública y oficialmente constituidos para matar en las almas el sentido de la verdad y la justicia”.[4]

“Supongamos -nos dice- un miembro de un partido adopte en público el siguiente compromiso: “Cada vez que examine cualquier problema político o social, me comprometo a olvidar absolutamente el hecho de que soy miembro de tal o cual grupo y preocuparme exclusivamente por discernir el bien público y la justicia.” Este lenguaje sería muy mal recibido. Los suyos le acusarían de traición. Los menos hostiles dirían: – ¿Porqué, pues, se ha afiliado  a un partido? – confesando así ingenuamente que han renunciado a buscar únicamente el bien y la justicia”[5] .” En cambio, se encuentra completamente natural que alguien diga: “Como conservador” o “Como socialista” pienso que… o también, puesto esto no es exclusivo de los partidos, “Como francés pienso que…” “Como católico pienso que…”. Unas niñas, que afirmaban estar tan atraídas por el gaullismo como por el equivalente francés del hitlerismo, añadían: “La verdad es relativa, incluso en geometría”. Con esto, “tocaban, nos dice SW,  el punto central”. Si no hay verdad, es legítimo pensar de tal o cual manera en cuanto uno resulta que de hecho es tal o cual cosa. Como uno tiene el pelo negro, castaño, rojizo, o rubio” o, porque uno es francés católico o socialista, “porque uno es así, emite también tales o cuales ideas[6].”

La crítica al relativismo de la verdad  en S W no se funda, creo, en la pretensión de una verdad  absoluta, o universal,  que pudiera ser conceptualizada de antemano , sino que a lo que apunta es a denunciar que este relativismo de la verdad, que tanto prestigio tiene en la modernidad de nuestro tiempo , no es otra cosa que el efecto de las identificaciones al grupo, al partido, a la masa, donde el sujeto renuncia a tener un pensamiento propio , renuncia a dejarse guiar por lo que ella llama la “luz interior”. Como señaló J.A Miller en su conferencia de Madrid, ésta es una noción compleja, no muy clara, que forma parte de la tradición filosófica occidental y que hace referencia a Descartes pero también a algo místico y a Las luces. A propuesta de Andrés Borderías, el seminario de  J.A Miller en Madrid del próximo año va a girar precisamente sobre esta noción de “luz interior”.  Entiendo que  una noción clave, para poder pensar desde el discurso analítico, una manera de incidir en la política, que no responda a la lógica del para todos propia de la psicología de masas, en ella se adivina algo de la lógica femenina del no -todo.

S Weil opone con toda rotundidad  dos posiciones: la de la sumisión al pensamiento establecido por el partido que, en términos de Lacan,  pertenecería a la lógica del para todos,   o  la fidelidad a los propios pensamientos de quienes se dejan guiar exclusivamente por la luz interior, posición está en la que creo se adivina una cierta afinidad con el no-todo.  Y es interesante porque S W no duda  en colocar  del lado de la mentira a aquellos que se situan en la lógica del para todos y renuncian a la luz interior: “Un hombre que no ha tomado la resolución de fidelidad exclusiva a la luz interior instala la mentira en el centro mismo del alma. Las tinieblas interiores son su castigo”[7].

Pero “¿Qué es la verdad?” se pregunta S. W: “La verdad son los pensamientos que surgen en el espíritu de una criatura pensante única (la cursiva es mía), total y exclusivamente deseosa de la verdad. La mentira, son los pensamientos de quienes no desean la verdad, y de los que desean la verdad y además otra cosa. Por ejemplo, que desean la verdad y además la conformidad con tal o cual pensamiento establecido.[8]

La verdad para S W no solamente es algo que surge de cada sujeto en su ser único, singular, sino que no tiene ningún contenido prestablecido de antemano. Lo que ella entiende por verdad no es ningún enunciado, sino que es ante todo una posición de enunciación propia del sujeto que desea la verdad sin pensar, y que está separado de las identificaciones que operan en el partido o cualquiera otra forma de la psicología de masas

“Pero como desear la verdad sin saber nada de ella? Este es el misterio de los misterios. La luz se recibe deseando la verdad sin pensar y sin intentar adivinar de antemano su contenido[9]” nos dice S.W (48)

Más allá de esta cuestión de la enunciación propia, la alusión mística al misterio de los misterios sugiere, a mi modo de ver,  que para S.W la metáfora de la luz interior es una metáfora de lo inconceptualizable de la verdad, de lo real en ella que escapa al significante. Hay por tanto un deseo de verdad y al mismo tiempo un inconceptualizable de la verdad. Este inconceptualizable de la verdad, muy propio de la mística, y ,en términos de Lacan, de la posición femenina, no permite hacer masa, es lo opuesto a la conformidad con un pensamiento prestablecido de antemano, que es lo que se exige en los partidos, regidos por la lógica masculina del para todos.

Cuando uno entra en un partido político, u otra organización de masas, “la luz interior de la evidencia, esa facultad de discernimiento concedida desde arriba al alma humana como respuesta al deseo de verdad, nos dice S.W, es desechada… El móvil del pensamiento ya no es el deseo incondicionado, no definido, de la verdad, sino el deseo de la conformidad con una enseñanza establecida de antemano.” [10]  

S W., cristiana y mística no retrocede en señalar la homología que hay entre los partidos políticos y la iglesia, es más, encuentra la genealogía del mecanismo de los partidos en la iglesia: “Hay que reconocer -nos dice- que el mecanismo de opresión espiritual y mental propio de los partidos fue introducido en la historia por la iglesia católica en su lucha contra la herejía”.[11] Cuando un fiel entra en la iglesia acepta en bloque todos los artículos de fe estricta muchos de los cuales no ha estudiado. ¿Cómo adherirse a unas afirmaciones que uno no conoce? Basta con someterse incondicionalmente a la autoridad de la que emanan. Por eso Santo Tomas no quiere sostener sus afirmaciones más que en la autoridad de la iglesia, con exclusión de todos los demás argumentos. Porque -dice- no se necesita más para los que la aceptan; y ningún argumento convencerá a los que la rechazan.

De igual modo, un hombre que entra a un partido nunca ha estudiado la posición del partido respecto a todos los problemas de la vida pública. Al entrar en él acepta unas posiciones que él desconoce. Así somete su pensamiento a la autoridad del partido. Cuando poco a poco vaya conociendo estas posiciones las admitirá sin examen. Esta es exactamente la situación del que se adhiere a la ortodoxia católica concebida como lo hace S. Tomas.

Tanto la iglesia como los partidos son mecanismos de presión colectiva hechos para sofocar el espíritu de la verdad. Si la iglesia fundada por Cristo no logró, a pesar de la inquisición, sofocar totalmente el espíritu de la verdad es -dice S.W- gracias a la mística que ofrecía un refugio seguro.

En cuanto a los partidos estos también tienen su propia inquisición: “cada uno de ellos es una pequeña Iglesia profana armada con la amenaza de excomunión”[12]

Iglesia, partidos políticos, como mecanismos de presión sobre el pensamiento de cada hombre y de sofocación del espíritu de la verdad, con sus correspondientes amenazas de excomunión. ¿Y las organizaciones psicoanalíticas? Así como S.W cristiana y mística no retrocedió en denunciar a la Iglesia, sabemos que Lacan, psicoanalista, no retrocedió tampoco en denunciar la organización psicoanalítica fundada por Freud como una Iglesia al servicio de la sofocación de la verdad, como una Iglesia de la que él mismo fue excomulgado. Y así como S. W encontraba en la mística un refugio contra la sofocación del espíritu de la verdad operada por la Iglesia, Lacan fundó su Escuela como un refugio contra esta sofocación, como un intento por restaurar el filo cortante de la verdad del descubrimiento freudiano,  que había sido sofocado, aplastado, por los psicoanalistas posteriores a Freud. Restaurar el filo cortante de la verdad del descubrimiento freudiano no era para Lacan restaurar  una doctrina fija y establecida de antemano, a la que habría que adherirse bajo amenaza de excomunión,  sino que , a partir de S W,  podríamos decir que se trataba para él-aunque en ese momento no lo formulara explícitamente- de fundar una asociación de psicoanálisis donde cada uno, más allá de todo pensamiento prestablecido,  mas allá del Padre o de los Padres – mas allá de Freud, de Lacan, de  Miller, al mismo tiempo que sirviéndose de ellos,  fuese capaz de ser fiel a su propia luz interior, lo cual forzoso es reconocerlo, – no cesamos de constatarlo en nuestras Escuelas-  no es empresa nada fácil.

Volviendo a S. W., es sumamente interesante la tercera característica de los partidos señalada por ella, a saber: “que son maquinas de fabricar pasión colectiva, lo cual es algo tan visible,-dice- que no hay necesidad de probarlo. “[13] Es interesante el término que utiliza S.W para referirse a la pasión colectiva: nos dice que es una “energía”; es el  mismo término con el que Freud caracteriza la libido la cual, según afirma  en Psicología de masas, es precisamente lo que sirve de cemento a los miembros de la misma. “Esta pasión colectiva es- dice S W-  la única energía de la que disponen los partidos para la propaganda exterior y para la presión ejercida sobre el alma de cada miembro.” [14] En definitiva,  lo que S.W nos viene a decir, es que las organizaciones de masas, el partido, la iglesia,- habría que añadir a esta lista el ejército y varias más- son máquinas para producir goce; no el goce no-todo propio de la lógica femenina, sino el goce del para todos, el goce de la identificación. Y que es en función de este goce que los miembros se someten a la presión ejercida sobre cada uno de ellos. S.W no ahorra calificativos a la hora de describir los efectos de esta pasión colectiva, de este goce de la identificación, de esta pasión de los que hacen masa: “el espíritu de partido ciega hace sordo a la justicia, empuja incluso a personas decentes al encarnizamiento más cruel contra inocentes” .[15] “La pasión colectiva es un impulso de crimen y de mentira infinitamente más poderoso que ninguna pasión individual. Los impulsos malos, en este caso, lejos de neutralizarse, se elevan mutuamente a la milésima potencia. La presión es casi irresistible, salvo para los santos auténticos.” [16] Lacan se refiere a la posición del analista como “santo”. Podríamos entenderlo en el sentido de SW: un analista sería aquel que está por fuera del goce de la identificación, pero ésta es una posición muy difícil, la presión a hacer grupo, partido, masa, es casi irresistible, solo quizás alcanzable para algunos santos auténticos. Pero no todos los santos son auténticos, ni todos los denominados analistas son santos.

Si los partidos políticos constituyen esta máquina diabólica que analiza S.W ¿habría que renunciar a incidir en la política? ¿No hay nada que se pueda hacer? No es así, lo que ella propugna es la supresión de los partidos y su sustitución por movimientos asociativos para luchar en torno a problemas concretos y reales, donde “los elegidos se asociarían según el juego natural y móvil de las afinidades”.[17]  En torno a problemas reales y entre aquellos que tuvieran ciertas ideas afines para abordarlos se crearían de forma natural unas asociaciones como medios. “Pero estos medios –nos advierte- deberían mantenerse en estado de fluidez. Es la fluidez lo que distingue del partido a un medio de afinidad y le impide tener una in fluencia negativa.”[18] (52) Quizás pudiera verse en el 15 M un ejemplo reciente de este modo de incidir en la política desde una lógica distinta a la de los partidos a la que aspiraba S.W. Pero ella no se engañaba, sabía que era muy difícil escapar a la lógica de los partidos. Reconocía incluso que “Cuando en un país hay partidos, (…) de ello resulta tarde o temprano un estado de hecho tal que es imposible intervenir en los asuntos públicos sin entrar en un partido y sin jugar el juego”[19]. En nuestro país hemos tenido ocasión de constatar cómo tras ese momento- tuché–  de irrupción de la verdad que supuso el movimiento 15 M surgió un partido político que pretende no ser como los demás, que querría mantenerse fiel al espíritu del que surgió. Quizás todavía es pronto para juzgar si está consiguiendo lo que prometía,  o si está entrando en un automatismo demasiado parecido a la lógica de los partidos, que hace no tanto tiempo denunciaba.

En cuanto al psicoanálisis y a sus posibilidades de incidir en la política, no se trata de soñar con un país sin partidos, pero tampoco, de jugar el juego de éstos, al modo en que por ejemplo sí lo están haciendo en Italia algunos antiguos colegas   que se han aliado recientemente con el partido democrático de Mateo Renzi. Con la red Zadig  se trata, por el contrario, de que el discurso analítico, en la medida de sus posibilidades, pueda incidir en la política rebajando el nivel de las identificaciones, remitiéndose cada uno a su propia libertad de pensamiento, en vez de someterse incondicionalmente a pensamientos o programas prestablecidos y a la autoridad de la que emanan. Se trata, en definitiva,  de incidir en la política no desde la lógica embrutecedora del para todos sino desde esa lógica más sutil del no -todo que se adivina en S W la cual, a diferencia de los partidos que, a mi juicio, sean de uno u otro signo, responden todos a la lógica masculina, sí encarna un auténtico ejemplo de feminización de la política. 
Conseguirlo no es tarea fácil, pues como señala S W, en nuestras democracias, “el espíritu de partido  ha llegado a contaminado todo”[20]. Ni siquiera en las escuelas, nos dice, se sabe ya estimular el pensamiento de los niños más que invitándoles a tomar partido a favor o en contra. Se les cita una frase de un autor y se les dice ¿Está de acuerdo o no? Desarrolle sus argumentos…Con lo fácil que sería decirles “Medite este texto y exprese las reflexiones que se le ocurran” “Casi en todas partes la operación de tomar partido, de estar a favor o en contra ha sustituido a la operación del pensamiento”. Teniendo en cuenta esto, hay que tener presente que no basta con no militar en uno, para estar a salvo de esta “contaminación por el  espíritu de partido”.

Envueltos en  los  graves acontecimientos por los que está pasando la situación política actual en España es muy difícil, quizás más que en otros momentos, evitar un riesgo del que sin embargo el discurso analítico debe estar advertido : el de su instrumentación para justificar, a sabiendas o no,  posiciones de partido previas, que sustituyan a la operación del pensamiento.

*Psicoanalista, miembro de la AMP (ELP).

[1] M.Carrillo: Simone Weil, una filósofa socialmente comprometida .Wikipedia

[2] S. Weil: Notas sobre la supresión general de los partidos políticos. Palma. Ed. El Barquero. 2014. pp. 30-31

[3] Op. cit. p. 34

[4] Op. cit. p.36

[5] Op.cit.p. 38

[6] Op. cit. p. 39

[7] Op. cit. p. 40

[8] Op. cit. p. 43

[9] Op. cit. p. 48

[10] Op. cit. p. 48

[11] Op. cit.p. 47

[12] Op. cit.p. 49

[13] Op. cit. p. 50

[14] Ibid.

[15] Ibid.

[16] Op. cit.p.27

[17] Op. cit. p. 52

[18] Ibid..

[19] Op. cit. p. 46

[20] Op. cit. p. 55

 

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