Lo femenino es cosa de mujeres … y de hombres

 

Jorge Sosa*

 

Un hombre habla de su angustia. Dice que cuando está solo en compañía de varias mujeres le invade la sensación de que hablan otra lengua y que se están riendo de él. La angustia es tan intensa que a menudo tiene que marcharse precipitadamente con cualquier pretexto. En cambio, si hay otro hombre con el que puede hacer comentarios cómplices sobre ellas no le pasa nada, su virilidad está a salvo y vuelve a ser él mismo.

Una mujer explica que su tormento son los celos. Siempre imagina a su pareja con otra mujer. Después de un tiempo hablando sobre ello se da cuenta de que ese síntoma cumple una función: la otra mujer ocupa el lugar del cual ella siempre se ausenta en el momento del encuentro sexual. Eso significa que lo que vive como un obstáculo para su deseo es en verdad su manera de no ponerse en juego en una situación que no domina, una forma de mantenerse a distancia de su femineidad.

Son dos ficciones, pero basadas en la vida real, esa que se cuenta en el diván del psicoanalista. Y las dos enseñan algo: que lo femenino no es una propiedad que define la esencia de la mujer sino algo con lo que tanto las mujeres como los hombres se ven confrontados y que pueden asumir o rechazar.

Eso es lo que descubrió Sigmund Freud en sus investigaciones, que lo femenino y lo masculino no son términos complementarios y que tanto las mujeres como los hombres tienen que lidiar con ambos. De hecho, fue muy criticado por su afirmación de que tanto la sexualidad masculina como la femenina pivotan sobre un solo término: el falo. Se consideró que eso era producto de su alienación a un discurso patriarcal, cuando lo cierto es que en lo inconsciente que emerge en un análisis la satisfacción de la mujer siempre se presenta como un misterio sobre el que el sujeto fantasea y nunca como una fórmula universal.

Contrariamente a lo que sería una actitud machista el acto de Freud que lo condujo al descubrimiento del inconsciente consistió en deponer su saber y renunciar al deseo de dominar para dar la palabra y dejarse guiar por aquellas mujeres llamadas “histéricas” a las que la psiquiatría de la época trataba de mentirosas, simuladoras y falsas enfermas. Ese acto de suponer un saber ahí donde se creía que todo estaba dicho, es más bien un cuestionamiento del orden patriarcal, el cual era tomado como el “orden natural” de las cosas.

Hoy sabemos que ese orden no es lo real y que la ficción del padre como principio organizador del mundo está en proceso de evaporación. Pero lo interesante es que al mismo tiempo que asistimos a la desaparición progresiva de la voz del padre, escuchamos que se eleva la voz de las mujeres, que se resisten a ser encasilladas en función de su relación al hombre y a los hijos. De modo que si tenemos en cuenta que lo femenino no es ni exclusivo de las mujeres ni el complemento de lo masculino estamos ante un movimiento de la civilización que va más allá de la lucha por la igualdad de derechos.

Una mujer puede ser dicha de muchas maneras, pero nunca será solo eso, porque la femineidad incluye una parte rebelde a la identificación. Esa es la razón por la que una mujer que no se oculta detrás de los roles tradicionales, o incluso actuales que la definen, resulta inquietante y puede provocar respuestas que van desde la fascinación y la obediencia hasta el maltrato y la muerte. La posición que cada uno adopte con respecto a esa existencia que lo arrastra fuera de sí mismo no es sólo una posición ética sino política.

En un momento en que vemos surgir la nostalgia del Padre en forma de proyectos políticos que pretenden volver a poner la religión en el lugar de mando o que esperan la llegada de un Padre que venga a restaurar el orden perdido, la “actitud” que se tiene con respecto a lo femenino nos dice mucho sobre lo que esos proyectos representan en realidad. Ya que la verdadera autoridad no nace de la fuerza sino del coraje con que un sujeto – sea hombre o mujer – asume la femineidad. Negar su existencia, ocultarla detrás de la maternidad o empeñarse en dominarla sólo conduce a la impotencia y el autoritarismo.

Sobre estas “políticas de lo femenino” se hablará en las II Conferencias Internacionales Jacques Lacan que, bajo el título Mujeres y Discursos, contarán, entre otras, con la participación de Laura Freixas, Mercé Managuerra, Esther Xargai y Marie-Hélène Brousse como conferenciante invitada. (http://fcpol.org/iia-conferencias-internacionales-jacques-lacan/)

*Miembro de la AMP (ELP)

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

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