Santos y Salvapatrias S.A.

 

Gustavo Dessal*

 

Los que ensuciaron el mensaje de Cristo, los que inventaron las indulgencias para que los poderosos quedasen exceptuados del pecado, los que dieron cobijo y salvoconducto a los criminales nazis, los que bendijeron las desapariciones, torturas y asesinatos perpetrados por las dictaduras militares en Sudamérica, los que encubren a su ejército de degenerados, se declaran “pro-vida” y expanden ese discurso entre sus seguidores. Con ese argumento perverso se oponen al aborto y a la eutanasia, practican su arraigado sadismo, apartan de su manto de brocado y oro a los necesitados y ensanchan el ojo de la aguja para que los malditos alcancen las puertas del Cielo. Hace pocos días en Madrid un hombre de 70 años ayudó a morir a su mujer de 62, aquejada de una gravísima esclerosis múltiple que había arrasado su organismo. El marido filmó un vídeo donde conversa con su esposa, y ambos dejan constancia de la decisión que ella ha tomado. Poco después el hombre llamó a los servicios sanitarios para que acudieran a certificar la muerte y se entregó a la policía. El juez ha decretado su puesta en libertad en espera de juicio y sin medidas cautelares. La derecha, el Tribunal de la Santa Pederastia y la canalla se rasgan las vestiduras. El aborto solo está justificado para las niñas de buenas familias; la eutanasia, para quien pague el servicio en Suiza. El péndulo ha vuelto con toda la fuerza y el filo de una guillotina: ya sabemos quiénes lo mueven. Los pro-vida aman tanto la vida que son capaces de acabar con cualquiera que se les oponga. En Argentina condenaron a una niña de doce años a que diera a luz al bebé fruto de una violación. Se opusieron al aborto. Pocos días después el bebé murió, pero la Iglesia y los pro-vidas quedaron satisfechos. Ellos salvan vidas con métodos muy notables. Pablo Casado, presidente del Partido Popular y ferviente católico, sugiere que los niños nacidos de mujeres inmigrantes que no tienen papeles sean entregados en adopción. Sus correligionarios le dan algunas patadas por debajo de la mesa y le susurran que no queda bien decir eso antes de las elecciones, que ya habrá tiempo para ponerlo en práctica más tarde. El tipo entonces aclara que no supo explicarse bien, que jamás quiso decir lo que se entendió, eso que dijo delante de las cámaras de todas las emisoras de radio y televisión pero que al parecer debe de haberlo dicho por alguna pócima que le echaron en el café, seguramente un acto de sabotaje de la izquierda para desprestigiarlo. El Obispado de Alcalá de Henares oferta cursos para dejar de ser homosexual, pero ninguno para curar a sus empleados de la pederastia. Por lo visto esta gente tiene una concepción muy singular sobre la psicopatología: la homosexualidad practicada con niños se perdona, el aborto se condena, la eutanasia se maldice. Ya no queman a la gente como lo hicieron con Giordano Bruno, porque está mal visto y la humareda es contaminante. Pero conviene recordar todo el tiempo estas cosas, porque además son enemigos declarados de la memoria.

 

*Psicoanalista de la AMP (ELP)

 

Fotografía seleccionada por el editor del blog

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