No, el psicoanálisis no está moribundo, incluso goza de buena salud

 

Christiane Alberti, Virginie Leblanc, Sophie Marret-Maleval y Aurélie Pfauwadel*

 

El psicoanálisis tal como lo practicamos

Desde hace algunas semanas se multiplican las declaraciones públicas contra el psicoanálisis, las profecías alarmistas, los ataques virulentos, los injustos destierros. ¿Qué está ocurriendo?

Por un lado, el psicoanálisis está bien vivo, en lo cotidiano alivia, siempre sorprende al que le confía su síntoma, sostiene a los que tienen dificultad en encontrar un lugar adonde dirigir sus grandes sufrimientos, orienta a los practicantes de una delicada clínica de la angustia psíquica, capta el interés de los estudiantes.

Los seminarios universitarios están llenos, las enseñanzas dispensadas en las escuelas son muy esperadas, los coloquios y congresos muy frecuentados. Resalta la alegría de nuevas perspectivas. La constatación de la operatividad de los conceptos y la eficacia de la clínica.

Sin embargo, una anuncia el declive (1), los segundos aprovechan para volver con la cantinela de su no-cientificidad (2), el tercero le presta posiciones homófobas (3), la cuarta pone a su cuenta la culpabilización de los padres de autistas (4), en fin, al mismo tiempo, la noción de “inconsciente” desaparece (con la del “trabajo”) de los programas de filosofía. ¿Qué mosca les está picando? ¿Y de qué hablan? ¿De psicoanálisis? Ni de lo que se conoce de él, ni del que se practica, ni de la manera en que se entiende su ética.

Su pertinencia clínica, teórica y ética

Nosotros no nos reconocemos en una disciplina que estuviera desligada de su referencia al campo científico, una práctica cuya formación estuviera desprovista de la exigencia de rigor. No nos reconocemos en una práctica que “culpabilizara a las madres” y reprodujera, sin derogarlos, estándares trillados.

Ciertamente, tampoco nos reconocemos en las observaciones homófobas que algunos le prestan (5). ¿Hay que recordar que el trabajo del psicoanalista en ningún caso consiste en imponer normas a los pacientes homosexuales, ni heterosexuales tampoco, ni de ninguna manera en “rectificar” las elecciones de objeto sexuales o amorosas de los analizantes? Por lo que respecta a la realidad de nuestra práctica, esas observaciones son hirientes y chocantes para las numerosas personas gays, lesbianas, trans, queer o los sujetos que encuentran un recurso, incluso a veces un socorro, en el psicoanálisis.

El psicoanálisis es no sólo respetuoso de la singularidad y las diferencias de cada uno, sino que permite al que hace con él la experiencia de descubrir lo que lo constituye en lo más íntimo de sí mismo, su verdad privada, más allá de todos los moldes sociales. El rol del psicoanalista es el de acompañar a quien desee tomar apoyo en su palabra, con el objetivo de abandonar los obstáculos que pesan en su existencia y encontrar el modo de hacer lazo social o de interrogarlo. Sostenemos la invención de los sujetos en el seno de los “bricolajes” de las familias modernas y de la diversidad en primer lugar de lo sexual y de las sexuaciones.

No nos reconocemos en un panorama de un psicoanálisis en declive, que haya perdido su subversión primera. En la universidad y en las escuelas de psicoanálisis, hacemos otra constatación, su éxito no tiene otra razón que la de su pertinencia clínica, teórica y ética (6). Ocupa su lugar con responsabilidad en los grandes debates de salud pública, de sociedad (7), abre centros de consulta gratuitos para no dejar a nadie abandonado. Los centros psicoanalíticos de consulta y de tratamiento (CPCT) han sido creados en toda Francia por la Escuela de la Causa Freudiana al inicio de los años 2000 y proponen consultas y tratamientos analíticos con duración limitada sin contrapartida financiera. La utilidad pública del psicoanálisis es reconocida (8).

El inconsciente rechazado de las clases de filosofía

¿Por qué suprimir entonces el inconsciente de los programas de filosofía en Terminal (NT: Bachillerato en España), como parece presagiar su desaparición en las propuestas remitidas recientemente al ministro Blanquer? ¿Cómo no percibir que se trataría de erradicar de ese modo pura y simplemente a los dos grandes pensadores de la sospecha, Freud y Marx, cuyo estudio permite ciertamente a los alumnos situar la alienación lingüística gracias al primero, la del trabajo gracias al segundo, y por qué no intentar salir de ahí todo lo posible? Cada uno sabe hasta qué punto el encuentro con la filosofía puede ser un acontecimiento: es el momento de la pubertad, donde se juegan para los adolescentes esas delicadas transiciones entre el niño y el adulto, el compromiso afectivo, sexual y político a veces, el momento donde la clase de filosofía puede permitir elaborar por primera vez sin duda su pensamiento singular, ejercer su espíritu crítico, elegir su camino. ¿Qué deseamos para los que construirán el mañana? ¿Tener la idea, gracias a Freud, de que se puede estar desbordado por los pensamientos propios, por los actos, por una fuerza pulsional de la cual se puede saber un poco más, o bien formatear espíritus estrictamente adaptados a la ley del mercado?

Entonces, ¿por qué?

Entonces, ¿por qué, si se trata de preservar cierto pluralismo (como lo afirman a menudo sus detractores), combatir el psicoanálisis? Más allá de la sempiterna crítica de no-cientificidad del psicoanálisis, ¿no se tratará más bien de introducir de forma exclusiva una corriente cognitivo-conductual, por no decir una ideología exclusiva, en el campo universitario y también en el pedagógico, sanitario, médico-social, educativo?

Por otro lado, la crítica de los cognitivistas se basa en una epistemología tan atronadora como empirista y simplista que ignora otras perspectivas críticas que interrogan a la ciencia misma y cuestionan el ideal de la justificación. Feyerabend, especialmente en su Contra el método (9), demuestra que la ciencia es un campo profundamente anárquico, en el cual la proliferación de teorías siempre le beneficia. El psicoanálisis no es menos científico que la ciencia misma, que sólo lo es reconociendo sus propios límites.

¿Por qué gastar tanta energía en su contra (recurriendo a los medios de comunicación, a los poderes públicos, al gobierno, al Parlamento) si está tan moribundo y anticuado? ¿Se está concibiendo demasiado amor por él?

* Todas ellas psicoanalistas y miembros de la AMP (ECF)

Publicado en Liberation el 10 de abril de 2019.

Traducción: Elvira Tabernero Escrig. Revisada por Joaquín Caretti.

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

 

(1) Élisabeth Roudinesco, «Les psychanalystes ont contribué à leur propre déclin», Le Monde, 8 février 2019. https://www.lemonde.fr/idees/article/2019/02/08/elisabeth-roudinesco-les-psychanalystes-ont-contribue-a-leur-propre-declin_5420766_3232.html

(2) Jérôme Sackur, Joel Swendsen, «La psychanalyse est son propre meilleur ennemi», Le Monde, 20 mars 2019. https://www.lemonde..fr/idees/article/2019/03/20/la-psychanalyse-est-son-propre-meilleur-ennemi_5438887_3232.html

(3) Didier Eribon, Écrits sur la psychanalyse, Paris, Fayard, 2019.

(4) Solène Cordier, «Le désarroi des familles d’enfants autistes face aux soupçons des services sociaux», Le Monde, 31 mars 2019. https://www.lemonde.fr/societe/article/2019/03/30/le-desarroi-des-familles-d-enfants-autistes-face-aux-services-sociaux_5443535_3224.html

(5) Didier Eribon, émission «Par Jupiter ! » du 11 mars 2019 sur France Inter.

(6) Aurélie Pfauwadel, Sophie Marret-Maleval, «Les voies de renouvellement de la psychanalyse sont nombreuses», Le Monde, 1er avril 2019. https://www.lemonde.fr/idees/article/2019/04/01/les-voies-de-renouvellement-de-la-psychanalyse-sont-nombreuses_5444312_3232.html

(7) Comme cela a été le cas pour s’ériger contre l’instrumentalisation honteuse de la psychanalyse, au moment du mariage pour tous, notamment avec la publication de la brochure Du mariage et des psychanalystes, Navarin, Champ Freudien, la Règle du jeu, 2013.

(8) L’Ecole de la cause freudienne (ECF), association de psychanalyse fondée en janvier 1981 par Jacques Lacan, est reconnue d’utilité publique depuis 2006.

(9) Paul Feyerabend, Contre la méthode. Esquisse d’une théorie anarchiste de la connaissance, Paris, Seuil, 1979

 

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