Las estructuras bajan a la calle

 

“La realidad se aborda con los aparatos del goce,… aparato no hay otro que el del lenguaje”

                                                                                             J. Lacan. Seminario Aún

 

Araceli Fuentes*

 

 

En mayo del 68 en París se podía leer en las calles un grafiti que decía: “La estructura no baja a la calle”. Es lo contrario de lo que afirma Lacan cuando escribe la estructura de sus cuatro discursos.

En 1969-70 Lacan escribe los cuatro discursos en el transcurso de su Seminario XVII, “El reverso del psicoanálisis”. Cada discurso de estos dis-cursos es un modelo de lazo social, razón por la que se puede decir que los discursos si bajan a la calle.

Su escritura, hecha a partir del lenguaje, tiene en cuenta tantos los efectos de limitación del goce que tiene el lenguaje sobre los hablantes, como los efectos de producción de plus de gozar, que también son efectos de discurso. Los cuerpos quedan atrapados por los discursos.

El psicoanálisis, desde su invención por Freud, no ha dejado de ocuparse de las consecuencias que tiene para los hablantes el hecho de hablar. Lacan formaliza la  estructura del discurso como un cuatrípodo en el que se distinguen cuatro lugares: el del agente del discurso y del trabajo arriba y el de la verdad y la producción abajo. Por esos cuatro lugares rotan cuatro términos, el $ dividido por el significante, el significante amo del discurso, S1, el saber, S2 y el plus de gozar, a, que cada uno de estos discursos produce.

El contexto en el que Lacan está hablando es el de la universidad de Vincennes, donde se dirige a los estudiantes que han participado en la revuelta del mayo del 68, les habla sobre todo del pasaje de un discurso a otro, del pasaje del discurso del amo al universitario y de sus consecuencias.

En este pasaje se produce una degradación del S1 que tiene toda su importancia por ser el significante que prescribe las costumbres y el orden social de una sociedad dada, por ejemplo,  el honor en tiempos pretéritos tuvo el valor de un S1.

Además en el discurso del Amo que es también el del inconsciente, el significante amo es un significante que representa al sujeto y le da una singularidad. Por otra parte,  la función que tiene el S1 en el discurso del amo antiguo es lo que queda de la función de padre en la enseñanza de Lacan una vez que escribe sus discursos. Dicho en otros términos, la prohibición antes atribuida al padre es considerada ahora un efecto de discurso, y es ese significante, S1, el encargado de introducir en el discurso  la castración, o sea el límite al goce que impone el propio discurso. Lo que antes fue la prohibición del goce atribuida al padre,  ahora es una limitación introducida por el lenguaje.

Estas funciones del S1 en el discurso del amo se pierden con el cambio al discurso universitario.

Lacan concibe al hombre como un animal político por ser hablante y hablado, es decir, sujeto del inconsciente, lo que le aboca a recibir del Otro los significantes que lo dominan, lo representan, lo desnaturalizan, apagando  en él el goce supuesto al animal, al mismo tiempo que estos significantes producen un suplemento, un plus de goce que evoca la plus valía.

Que somos hablados y no solo hablantes es lo que se percibe cuando se comete un lapsus. Una mujer dedicada a la política cometió un lapsus que la dejó en evidencia: fue María Dolores de Cospedal  que queriendo decir “hemos venido a sanear el país”,  dijo, “hemos venido a saquear el país”. Todo el mundo sabe que un lapsus no es un simple error sino que dice algo de quien lo produce, en este caso la verdad inconsciente de este sujeto era una verdad sobre su goce, el de goce de saquear.

 La verdad inconsciente no es la “post-verdad”. La verdad inconsciente nos sorprende por el modo fulgurante de aparecer, mientras que la post-verdad es el uso de la verdad que hacen quienes saben que la verdad tiene estructura de ficción, y es generalmente un uso cínico.

La estructura de ficción de la verdad fue uno de los descubrimientos de Freud, un descubrimiento utilizado posteriormente en técnicas de marketing y publicidad y también política. No hay más que recordar el uso que hizo Goebbels de este conocimiento al servicio de la propaganda nazi.

Otra de las cambios que introduce el pasaje del discurso del amo al universitario, es la dificultad de cuestionar el saber universitario cuando este se presenta de modo neutral, cuando esconde a qué amo sirve.

En este discurso el saber ocupa el puesto de mando y se dirige al a-estudiante como objeto a formatear y a transformar en un sujeto dividido por no alcanzar el ideal universitario.  Mientras que el S1 queda reducido al nombre del autor del saber universitario, la tesis.

Lo que queda escondido en el discurso universitario es la imposibilidad del sujeto para hacerse representar por un significante que lo singularice y esta pérdida de la singularidad tiene consecuencias. Entre otras, la de que lo singular sea ser sustituido por el número, la cuantificación y la evaluación.

Zizek se refiere al DU diciendo que se trata de un D que niega su dimensión performativa presentando lo que sucede como una decisión política basada en una simple inmersión en el estado fáctico de las cosas. Para mostrarlo propone un ejemplo, el de cómo funciona el discurso universitario en nuestra vida cotidiana cuando vamos al médico: vamos al médico creyendo que el  saber médico es un saber objetivo. Nos damos cuenta de inmediato que este saber “objetivo” no trata al paciente como un sujeto, sino más que más bien lo reduce a un objeto de investigación del que necesita conocer algunas informaciones sí, pero mejor si el paciente se atiene a las preguntas del médico y no cuenta nada más. Esta viñeta enseña hasta que punto es el discurso lo que determina las conductas cuando se está de pleno en él. No se trata de una maldad intrínseca de los médicos, entre los que tengo buenos amigos,  sino de los lugares y las posibilidades que un discurso determina y determina también al médico, no sólo al paciente.

El paciente que ya está suficientemente inquieto por lo que le  pasa en su cuerpo  por qué no sabe que es y espera  que el saber médico le devuelva la tranquilidad perdida. En el discurso universitario el paciente no tiene la posibilidad de hacerse representar como sujeto singular por un  S1 que le dé la dignidad que implica su diferencia. En este discurso el significante que cumplía esa función en el discurso del amo se ha degradado y ahora es solo un nombre, el del autor del saber que en este discurso toma la forma de la tesis universitaria. El respeto por la propia singularidad significante es lo que hace del sujeto un amo, mientras que la degradación que introduce el discurso universitario conlleva la esclavitud a la que nos introducen  las  sabidurías que valen para todos e  ignoran lo singular de cada uno.

El discurso universitario no se restringe a la universidad, es también el discurso que prima en otros ámbitos como puede ser en nuestro trato cotidiano con el médico, afectado él también por este discurso que quita la palabra singular al paciente al mismo tiempo que priva al médico del poder de la transferencia al que se debía su autoridad de antaño.

El discurso universitario nos convierte a todos en proletarios, la idea de Lacan era que este era el discurso que prevalecía en la URSS en ese tiempo.

Otra de las consecuencias del discurso universitario es la proliferación de expertos de todo tipo y condición, expertos que invocando la supuesta cientificidad de su saber quieren  intervenir en todos los aspectos de nuestra vida, desde la gestión económica y social hasta las prácticas terapéuticas y la política. La tiranía de un saber que se presenta como incuestionable tildándose a sí mismo de científico, se redobla con la ideología pseudocientífica que le acompaña, una ideología que se quiere hacer pasar por científica y que a duras penas esconde su avidez de poder.

Otro de los resultados de la hegemonía del DU es la pérdida  de la vergüenza como consecuencia de la degradación sufrida por el significante S1 al pasar  del discurso del amo, al universitario.

 “Morir de vergüenza no es un efecto que se consiga tan fácilmente” afirma Lacan en la última lección del “Reverso del psicoanálisis”. Si ya nadie muere de vergüenza  es porque el sujeto actual no está sujeto a un significante que valga para él como valía “el honor” en cierta época en la que se podía preferir la muerte antes que  vivir  avergonzado.

Hoy nos parece muy lejano pero hubo hombres que prefirieron morir para así restaurar su honor, Vatel, Mishima, es decir para restaurar el lugar del S1 de su época. No añorar el honor  no nos impide  darnos cuenta de la importancia que tiene que  haya ese significante que  represente al sujeto haciendo de él alguien singular, porque si no lo hay se produce una pérdida de sentido de la vida. Cuando decimos: “no merece la pena morir por eso”, quizá estamos diciendo que “no hay nada por lo que valga la pena morir” y en ese caso el único objetivo de la vida es la vida misma. No hace mucho escuchaba a un hombre joven decir que sobrevivía, como si fuera lo más natural. No pude dejar de interpelarlo ¿sobrevivir? Le pregunté. No se había dado cuenta de lo que había dicho pero el caso es que hacía tiempo que sobrevivía. Este fue el comienzo de una conversación en la que con el tiempo se planteó emprender la aventura de vivir.

Con el cambio de discurso han cambiado las amarras de la vergüenza, la vergüenza de hoy ya no es la misma, ahora nos encontramos con otro tipo de vergüenza, la “vergüenza de vivir” que produce el discurso universitario.

Lacan se dirige a los estudiantes y busca avergonzarlos, es más,  les dice que si son tantos allí eso se debe a que él los avergüenza. Los avergüenza pero no los culpabiliza, los avergüenza porque sentir vergüenza es la oportunidad para rectificar su  participación en la degradación del S1. “Ustedes tienen “vergüenza de vivir tan finamente” -les dice.  Ya no hay nada por lo que merezca la pena morir y eso hace que la vida pierda sentido y se vuelva  fútil.

Lacan les lanza cuatro verdades a los estudiantes de mayo del 68, entre otras cosas les dice que la revolución a la que aspiran termina inexorablemente volviendo al punto de partida, y que ellos aunque no lo sepan, lo que quieren es un amo y  lo van a tener. Todo esto se lo dice sin acritud, con simpatía, tratando de reorientarlos hacia las luces, tratando de que no extravíen como les había sucedido a otros que terminaron matando, en grupos armados, algo que no ocurrió en Francia.

La vergüenza es un afecto que se articula a una mirada que tiene la capacidad de avergonzar, me avergüenzo cuando soy descubierto por la mirada del Otro mientras miro por el ojo de la cerradura, me avergüenzo cuando me descubren como desecho vergonzoso. Pero esa mirada capaz de producir vergüenza se ha perdido, la mirada que prima hoy en la sociedad de Istagram,  del espectáculo, del reality show,  no es la mirada que avergüenza sino la  que goza, es un “miradlos gozar para gozar de ello”.

¿Por qué le interesa al psicoanálisis la desaparición de la vergüenza?

Porque el sentido de nuestra práctica no es pensable si el sujeto no tiene un vínculo con un significante del que depende su singularidad y por el que se hace representar. La desaparición de la vergüenza indica que el hombre deja de estar representado por un significante que valga.

Lejos de lo que se pudiera creer, la experiencia analítica no promueve la identificación del sujeto, al contrario, el psicoanálisis  separa al sujeto del significante que es para él su blasón, lo vacía de sus identificaciones, pero para poder separarlo de su insignia es necesario que tenga una y que la respete. El psicoanálisis es el reverso del discurso del amo. Lacan no propone la vuelta del amo sino mostrar que el amo está también bajo la ley del significante amo y para imponerse no le basta con la fuerza bruta sino que necesita también el verbo.

J.A. Miller en una entrevista en la revista Cités califica de “aristocrática “la reacción de Lacan ante los estudiantes de mayo del 68,  aristocrática  porque para Lacan el deseo es inseparable de la nobleza simbólica del significante que tiene un valor para el sujeto,  y porque el secreto del deseo es  el secreto de toda nobleza.

¡Cuánto más innobles seáis mejor irá la cosa! Les dice con ironía al mismo tiempo que les anuncia que en adelante, como sujetos, serán designados por significantes contables que borraran la singularidad que tiene el significante cuando se presenta como S1. Sin duda la empresa del discurso universitario ha triunfado  transformando la singularidad del sujeto en unidades de valor contables, los créditos universitarios. “El hombre sin cualidades” de la novela de Robert Musil, el hombre economicus también representado en la película Shame, es el hombre numerable abocado al goce. Dice  gestionar sus emociones y al decirlo no se da cuenta de que ya ha renunciado a su singularidad de sujetos, porque como dice Lacan, se empieza por renunciar a las palabras y se termina por transigir con las cosas.

La deriva burocrática de este discurso que quiere saberlo todo y regularlo todo en un mundo globalizado y homogéneo trata de convencernos de que es mejor que nos tuteen que ser tratados de usted, su penúltima novedad son los algoritmos con los que la inteligencia artificial quiere acumular saber sobre nuestros gustos para ofrecernos nuevos productos estandarizados de consumo, o con los que trata de controlar las poblaciones, China es un buen ejemplo de ello, su capitalismo de estado totalitario puede dar lugar a una de nuestra peores pesadillas. Que los chinos acepten, por el momento, los controles a los que son sometidos en aras del supuesto bien común despierta el temor de las pesadillas que anunció Orwell. Por nuestro bien, la burocracia europea también trata de aplastar la singularidad a la que tenemos derecho en nombre de nuestro bien común, un viejo argumento para nuevas tiranías, lo han intentado con la práctica analítica que les resulta inquietante aunque sin conseguirlo.

Oponerse a este empuje burocrático es asunto nuestro, no dejarse llevar por la debilidad mental ambiente también.

Los psicoanalistas tratamos con el síntoma cuyo real se pone en cruz para impedir que las cosas anden, hacemos la experiencia cada día de que lo real, ese real al que hacemos la contra, sigue ahí sin que logremos acabar con él y esto es una suerte para el psicoanálisis,  porque de lo contrario desaparecería. Si el psicoanálisis tuviera éxito eso sería su fracaso.

Lacan en su conferencia “La Tercera” nos recuerda que lo real puede muy bien desbocarse. Sobre todo desde que tiene el apoyo del discurso científico. Lo real que con el apoyo del discurso científico toma la forma de la eugenesia, la eutanasia, y todos los “eu” contra los que habremos de luchar para no caer en la apatía del bien universal, del bien  que pretende suplir lo imposible de lo real con la conjunción de “Kant con Sade, cuyo porvenir ya pende sobre nuestras cabezas, o sea el mismo porvenir en el que el análisis tiene de algún modo su futuro asegurado. A ustedes, les toca responder a esta abjuración ¡nos espeta Lacan en Roma.

*Psicoanalista de la AMP (ELP)

Texto presentado en la Conversación de Zadig en Madrid: “La democracia amenazada”. 6 de abril de 2019

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

 

 

 

 

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