Mujeres: ¿qué futuro nos propone la extrema derecha?

 

José R. Ubieto*

La legisladora republicana Gail Griffin, de Arizona, ha sugerido aprobar una nueva norma que exija a los aparatos electrónicos que se adquieran dentro del estado tener un ‘software’ para bloquear el acceso al porno. Así, todos los que quieran acceder a páginas web pornográficas tendrían que pagar una cuota única de al menos 20 dólares a la Autoridad Comercial de Arizona. Esos ingresos irán destinados a construir el muro que, supuestamente, protegerá a los ciudadanos de los EE. UU. de los delincuentes, incluidos los sexuales.

Parece paradójico que lo que se saca por el muro entre por la pantalla, pero lo cierto es que el trumpismo no conoce la contradicción y cualquier trampa sirve para el fin último. Lo que nos lleva a preguntarnos ¿a dónde nos llevan estos líderes de la extrema derecha, americanos y europeos? ¿Qué futuro imaginan para sus ciudadanos?

Su principal truco de magia (y el resorte psicológico) es haber hecho de las incertidumbres del futuro – escena de angustia para cada vez más personas afectadas por la precariedad económica, las transformaciones familiares o las crisis identitarias – un paisaje nuevo donde tomar las riendas para hacer sus vidas grandes, de nuevo.

De la pérdida del No future han pasado a la ganancia del ‘Recuperemos el pasado’ y olvidemos ese futuro, del cual mejor no saber nada. Así, Bolsonaro atribuye la condición homosexual a un “defecto de fábrica” o a las drogas; Abascal y los dirigentes de Vox niegan la realidad de la violencia machista; Salvini y Trump el drama vital de los migrantes y Casado está dispuesto a derogar la ley del aborto. De ese futuro no quieren saber nada, y en su lugar prometen el regreso a un pasado mágico que nunca existió.

Su cinismo político–ellos sí saben que ese pasado es una ficción inventada para ganar, una fake en la era de la postverdad- autoriza y legitima ese no querer saber de un número cada vez mayor de ciudadanos, que creen así combatir la angustia de los cambios actuales. Las fake news no triunfan por su credibilidad, sino por esa pasión de la ignorancia de los que las “quieren” verdaderas.

Lo que no pueden evitar son los síntomas y las paradojas de su promesa. Le Pen no dudó, desde el primer momento, en azuzar a los chalecos amarillos para poner en crisis el gobierno francés, legitimando todo tipo de violencia. Pero ¿no eran ellos los que devolverían el orden a las calles y liquidarían el caos social, con mano dura?

Vox venía para regenerar la vida política y ya sabemos que sus padrinos profesan ideologías marxistas e islamistas, poco coincidentes con su ideario católico y neofascista. Y qué decir de Salvini, cuyo partido tiene los fondos embargados por malversación y gobierna con el otro extremo del arco parlamentario. O de Casado, cuyas declaraciones de amor a la madre patria se producen a la par que las denuncias sobre corrupción en su partido. Y Trump, defensor de los pobres, aplicando las medidas más duras del neoliberalismo, poco cuidadosas con los más vulnerables.

Solo queda una explicación para estas paradojas: por encima de ellas hay un bien supremo que no es otro que anteponer su satisfacción y su ganancia, como única y privilegiada brújula. Sobre ‘el extranjero’ recae todo aquello que atenta a esa voluntad de goce: sus amenazas, sus robos, sus malas costumbres.

Por cierto, para ellos cada día somos más los extranjeros, sobre todo si se trata de mujeres. Nada casual, teniendo en cuenta, por ejemplo, la creciente oposición efectiva a Trump de las nuevas candidatas en las elecciones norteamericanas. Lo femenino, siempre éxtimo para cada uno de nosotros y nosotras, no tiene mucho lugar en el futuro que nos proponen.

*Psicoanalista de la AMP (ELP)

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

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