Miradas

 

Florencia F.C. Shanahan*

 

En el título del próximo Fórum en Milán la conjunción de los términos indica ya que la ambivalencia descubierta por Freud ha de ser elucidada. Amor y odio por Europa, muchos en Argentina conocen bien esa mirada que se proyecta en el mar que los separa de la madre patria de los abuelos exiliados. Algunos encuentran en los vericuetos de las lenguas aprendidas modos de intentar reencontrar los eslabones abiertos en la historia de cada cual, fragmentos de cadenas rotas por la guerra, la persecución, las crisis económicas, en fin, imaginadas razones que dibujan motivos para emigrar en un ir venir que se columpia en esa “y” que hace de péndulo.
M. Bassols plantea, no la mirada idealizada que añora, nostálgica, sino una mirada que no quiere ver, subrayando la pasión por la ignorancia, el mirar para otro lado: “lo que hoy define mejor a Europa es precisamente la indiferencia, la indiferencia por lo que ocurre dentro y en el borde de sus fronteras: la migración, el aumento de los nacionalismos encubiertos de patriotismo, la falta de solidaridad entre sus miembros, incluso cuando alguno de ellos decide, con despecho, hacer su brexit particular.”[1]
¿Mirar hacia dónde? ¿Al pasado? “Ahora que la fecha límite de marzo para la salida de Gran Bretaña de la Unión Europa se acerca […] el gobierno de T. May parece poner su atención en otra parte. Apesadumbrada por sus deliberación con Europa, ministros clave del gabinete intentan cortejar a las antiguas colonias británicas” [2 ]El Secretario de asuntos exteriores J. Hunt señaló los lazos históricos -es decir, coloniales- de un arco de naciones desde Nueva Zelanda a Malasia. “Estas conexiones constituyen el porqué el rol del post-Brexit de Gran Bretaña debería ser actuar como una cadena invisible que conecta las democracias del mundo […] esos países que comparten nuestros valores y apoyan nuestra creencia en el libre mercado, el imperio de la ley y las sociedades abiertas”.[3]
La mirada en el presente se sostiene del hilo del péndulo: “luego de siglos de una turbulenta relación Anglo-Irlandesa, es la más pequeña de las dos islas la que parece ejercer el mayor poder por primera vez”[4]. ¡La protesta, “no podemos permitir que los irlandeses nos traten así! ¡Ellos deben saber cuál es su sitio!” [5]
La cuestión del borde de las fronteras se presenta para la república de Irlanda [6] con la ferocidad de lo que retorna cuando ha sido suprimido de la peor manera, condenado al silencio, despojado de palabras. Ahí está ella, dividida entre un nacionalismo que le daría su consistencia identitaria, el lenguaje perdido de los ancestros oprimidos, el odio que la devora desde siempre, las nupcias con la iglesia persistiendo en el control de sus retoños, y ningún amor digno por ahora.
El borde será el sitio de lo trágico. Mirar hacia adentro, Irlanda ilustra la topología de una división que no es de esfera.

*Psicoanalista de la AMP (NLS)

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

 

[1]Bassols, M., Contra una Europa indiferentehttp://www.forumeuropeomilano.org/contra-una-europa-indiferente/

[2]Tharoor, I. Britain clings to imperial nostalgia as Brexit looms,
https://www.washingtonpost.com/world/2019/01/04/britain-clings-imperial-nostalgia-brexit-looms/?fbclid=IwAR0tbilD_P6ncXoXh5rRqAqsAjIE7fRdSDscmI0s8ns0wVjqCYI21T26khk&noredirect=on&utm_term=.699e119c60a9

[3]Ibid.

[4]Watt N., Brexit: Tory resentment of Irish power within EUhttps://www.bbc.com/news/uk-politics-46528952

[5]Ibid.

[6]Cf. Clare Dwyer Hogg with Stephen Rea, Hard Border, https://www.youtube.com/watch?v=8cZe2ihEZO8

 

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