Lobos

Ricardo Rubio*

Imaginar que el psicoanálisis tiene una oportunidad con el nuevo amo voraz del neoliberalismo salvaje y su consigna: “goza como el objeto que eres”, es, no incluir el sinthome.

No se trata de lo viejo, del padre terrible que prohíbe, ¿¡o si ¡?, del al menos uno de la religión o de la posición masculina. Se trata de la alianza del discurso capitalista sin límite: “vive para gozar”, con el sin límite del discurso científico:”…no hay sujeto barrado”, no hay subjetividad del uno por uno.

Como dice J.A. Miller en su curso, Un esfuerzo de poesía: “Freud quería desacralizar el orden social, de hecho sacralizó la impotencia para gozar, y por ello mantuvo la ley como deseable. Esto hoy da vida a la nostalgia de los psicoanalistas y los torna reaccionarios”

No se trata pues en estos momentos de aferrarse al amor al padre de la ley como regulador del goce por la renuncia pulsional. No va a ser la religión la que nos salve de la alianza del discurso capitalista con el discurso de la ciencia. Es cierto que detrás de los grandes líderes mundiales, a excepción de La china, nos encontramos con la alianza del cristianismo con la política como una nueva edición de los cruzados de la edad media, como una guerra de religiones, como un intento de salvar al “Dios único”, al padre de la verdad, al que nos lleva a la culpa de nuestra propia impotencia. Pero el lugar de lo divino no nos ayuda en lo imposible de lo humano.

El capitalismo y la ciencia son los nuevos nombres de la forclusión de la castración y con eso tenemos que vérnoslas los psicoanalistas lacanianos: Mientras la ciencia forcluye el Significante de A barrado, el capitalismo forcluye la existencia del objeto “a” como agujero.

Verdaderamente y sin “la verdad”, este es el embate al que nos vemos abocados los psicoanalistas lacanianos, los que nos encontramos concernidos en dilucidar el sueño de Lacan: ¿Cómo hacer en el más allá del uno por uno de nuestra clínica; cómo hacer para incidir en el vínculo social, sin caer en el al menos uno ni en el todo vale… ¿Cómo hacer del goce opaco del sinthome un operador social?

Se me ocurre hacer resonar otra frase de J.A. Miller en su curso Un esfuerzo de poesía: “…el psicoanálisis no es un narcótico, y tampoco es la sensatez. Ante todo, es acoger lo real, el nuevo real, el real que es producto del discurso de la ciencia y que nada tiene que ver con la naturaleza.

Parodiando a Heidegger, me atrevo a decir que el analista se convierte en el pastor de lo real”.

Me pregunto si el lobo es una pequeña manada conformada por el neoliberalismo extremo, la ciencia en su sin límite y lo que parece ser la nostalgia del padre terrible alimentada en lo político por el capital.

Lo que a Lacan le permitió llegar lo más lejos posible en su hacer, creo que fue su encuentro con Joyce; un ser humano que mostraba en acto el real que Lacan perseguía atrapar. Un artista artesano, al fin, un espléndido “bricoleur”.

Creo que es el momento ya sin dilaciones de hacer un esfuerzo posible hacia lo imposible: Hacer resonar en lo social el discurso del psicoanálisis y su política, hacer resonar que allí en donde la castración se vela, allí donde reinan los universales; en la verdad de la identificación o en la verdad del fantasma, lo humano se sintomatiza a peor y la angustia hace masa como respuesta al miedo.

Definitivamente…¡¡ni las mujeres ni los migrantes son el enemigo; hay que decirlo fuerte¡¡

Construyamos pues un hacer, frente al viejo fantasma que de nuevo recorre el mundo. Que la Escuela sea un resto fecundo del nuevo social. Feo, por cierto.

 

*Psicoanalista de la AMP (ELP)

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

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