Editorial

 

Marcela Ana Negro*

 

¡Bienvenidos a un nuevo número de La libertad de pluma!

Entre los textos que podrán desgranar, encontrarán un dossier con características especiales (los textos se publicaron en la página de Facebook de la revista) que hemos destinado a la delicada situación política e institucional de nuestro país hermano, Brasil. Psicoanalistas, antropólogos, sociólogos, politólogos contribuyeron, dándonos herramientas para poder leer lo que allí acontece. De sus artículos podemos extraer indicios que muestran la crudeza extrema de la dirección en la que va este ciclo de la historia de la humanidad.

Es como si en esta coyuntura vivida en Brasil se hubieran reunido muchas de las piezas dispersas que dan consistencia al neoliberalismo en el armado de una nueva subjetividad, creada a partir de generar un determinado sentido común.

Aquí se han reunido las tecnociencias, el marketing, la religión, el lawfare y los medios de comunicación para crear un caldo de cultivo muy particular.

Las tecnociencias, aportando su capacidad de ‘control ilimitado’ del ser humano a través de las redes sociales, distribuyendo la información que se necesitaba imponer de modo general y veloz (para producir impacto y evitar la reflexión) –particularmente, a través del whatsapp.

El marketing, que abusa de los descubrimientos de las condiciones subjetivas que hizo el psicoanálisis para apuntar a generarle al ser humano el interés por un objeto a consumir, y con estos instrumentos gestó un candidato supuestamente envilecido y otro presuntamente salvador.

La religión, bajo la modalidad del culto evangélico que dirigió voluntades en el rumbo que se deseaba.

El lawfare, usando la justicia con un proceder arbitrario y contrario a las leyes.

Los medios de comunicación, que ejercieron la misma función hipnótica que la religión transmitiendo ‘supuestas’ noticias, que en tanto así las presentaban, eran tomadas por verdades.

Muchos de los factores mencionados ponen en evidencia el ‘poder de la palabra’. De acuerdo al uso que se haga de ella, esta puede ser liberadora o esclavizante. Vivimos una época que conjura al silencio, atizado por el miedo que nos suscita el estado de control y vigilancia que se esparce y expande en cada vez más espacios de la vida cotidiana. Sin que lleguemos a advertirlo, nos toma y nos amordaza en los ámbitos de intercambio con los otros.

Pero, si a la palabra que amordaza le respondemos con silencio, ¿qué nos cabe esperar? Lacan nos advierte: “No sabemos acaso que en los confines donde la palabra dimite empieza el dominio de la violencia, y que reina ya allí, incluso sin que se la provoque?”1.

Hacer uso de la palabra como acto, es decir asumiendo el deseo que sustenta su enunciación, hace que quien la emite no sea el mismo antes que después.

En épocas de represión, autoritarismo, vigilancia, de empuje a la homogeneización, de apelación a la emoción para acallar el pensamiento crítico, ¿se responde con silencio?, ¿se renuncia a tomar la palabra sumidos en el mandato a ‘apolitizarse’?, ¿se responde con el barullo del deseo?, ¿se responde asumiendo la enunciación que sostiene una posición ética?

El neoliberalismo empuja al sujeto a la división más profunda para luego ofrecerle una identificación que fortalezca su yo (que es distinto que el sujeto) ofreciéndole el canto de sirenas engañoso de devenir dueño de su vida, empresario de sí, y de ese modo, sostenido en el desconocimiento –mecanismo propio del yo– de todo lo que no coincida con esa imagen que se forjó de sí mismo, se hunda en el individualismo y el silencio. Por eso, hacer silencio ineludiblemente lleva a hacerse cómplice del neoliberalismo, convertido en lo que tan bien describe un gran cantautor: “… la rabia se me ha podrido el cariño/ (…) / la rabia es mío, eso es mío, solo mío/ la rabia bebo, pero no me mojo/ la rabia miedo a perder el manojo/ (…) / la rabia dame o te hago la guerra…”2.

En divergencia con el silencio, La libertad de pluma invita a construir una red de comunicación, de intercambio de la palabra, de modo de tejer un “entre-con-los-otros” para mantener viva la posibilidad de construcción de una alternativa a la falacia del único mundo posible que el neoliberalismo nos presenta.

Con esa inquietud, retomamos las palabras de J.-A. Miller: “tomando en cuenta todas las razones que tenemos de ser diferentes, no es imposible, es incluso necesario, privilegiar lo que nos hace a cada uno participar de una experiencia”3, y con un nuevo número seguimos apostando a mantener viva esta propuesta.

*Psicoanalista de la AMP (EOL)

Publicado en http://lalibertaddepluma.org/editorial-2/

Foto seleccionada por el editor del blog

Notas bibliográficas:

1 Lacan, J., “Introducción al comentario de Jean Hyppolite sobre la Verneinung de Freud”, en Escritos 1, Siglo XXI, Buenos Aires, 1975, p. 360.

2 Rodríguez, S., Días y Flores, 1975.

3 Miller, J.-A., “Intervención sobre el mutualismo”, en La erótica del tiempo, Tres Haches, Buenos Aires, 2001, p. 67.

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