Nuestra verdad brasileña

 

Gil Caroz*

 

En 2017, durante uno de los Foros Scalp (1) en París, Jacques-Alain Miller describió la salida repentina de las ratas del odio que infestaban los sótanos a la luz del retorno de lo reprimido. Mientras los partidos políticos tradicionales de izquierdas y de derechas tenían el poder de represión sobre los discursos de tradición nazi, estos no se oían. El debilitamiento de estos movimientos tradicionales desde hace dos décadas ha permitido el advenimiento del discurso lepenista, a la vez que lo banaliza. En ese mismo hilo, Yascha Mounk (2) describe la emergencia de Donald Trump al poder como una aparición en escena de una modalidad del ello americano. Diremos incluso del ello, simplemente.

La fuerza de represión de los discursos de odio no es únicamente tarea de las ideologías tradicionales y partisanas vehiculadas por los partidos políticos. La decadencia de las democracias que vemos producirse bajo nuestros propios ojos es debida al debilitamiento más o menos progresivo de las instituciones que las constituyen y las defienden a la vez. Las redes sociales algo tienen que ver con este movimiento. Allí donde los tecno-optimistas esperaban contribuir a la libertad de expresión y a la liberación de los pueblos como durante la primavera árabe, los tecno-pesimistas constatan hoy que las redes sociales también han destruido algunos parapetos que mantenían al margen los discursos que matan (3).

Así en Brasil, Jair Bolsonaro no piensa deber camuflar sus aspiraciones antidemocráticas. Desafía a las instituciones sin la mínima vacilación. Incluso cuando el voto de la segunda ronda no ha tenido lugar, ataca la integridad misma del procedimiento de voto anunciando que si no es elegido, discutirá los resultados del escrutinio por irregularidad. Parece ser que las estructuras democráticas de Brasil están amenazadas por Bolsonaro antes incluso de que se haya instalado en el poder. De hecho, sorprendido, el tribunal supremo no se ha pronunciado con respecto a la revelación de los gastos ilegales y astronómicos de la parte del partido de Bolsonaro para la difusión de mensajes en las redes sociales contra su adversario del PT, pues consideran que la cuestión de las fake news es un problema mundial (4).

Esta fragilidad manifiesta de las estructuras democráticas en Brasil distingue el fenómeno Bolsonaro de la subida de los discursos de los enemigos del género humano en los países como Francia o Estados Unidos. De hecho, una larga tradición democrática, así como una administración sólida en estos países han permitido hacer barrera contra las tendencias despóticas que han aparecido. En Francia, la opinión pública democrática ha podido cortar el camino del FN al poder, al menos por un tiempo. En Estados Unidos, el efecto ridículo de un Trump que profiere sus asociaciones libres en el teatro del mundo está encuadrado por la prensa, el Senado, el FBI y la justicia, aun si estas instancias no logran frenarlo siempre.

Bolsonaro en Brasil, es otra historia. Tenemos la impresión de que la ausencia de represión abre el retorno en bloque de una pulsión de destrucción que viene de lejos. “Va a haber una limpieza como nunca ha habido en este país”, no teme decir en un vídeo viral difundido hace algunos días en las redes sociales. “Voy a barrer a los rojos de Brasil. O se van de Brasil, o van a la cárcel.” Cómo no leer en estas palabras el “delirio mismo de la bella alma misántropa, derramando sobre el mundo el desorden que es su ser (5)”. Lo que aquí se desvela no parece ser el simple retorno de lo reprimido. Bolsonaro es admirador de la dictadura desde siempre. Se trata más bien de un trazo que pertenece a un momento arcaico en el que un yo higienista emerge diferenciándose del caos en el que está atrapado. El gesto repetitivo de Bolsonaro que consiste en juntar el dedo índice y el mayor en forma de revólver y hacer como si tirara sobre todo lo que se mueve (6), lo dice claramente. Se trata de tirar sobre todo lo que no es yo, sobre todo lo que no es mi igual: enemigos políticos, migrantes, mujeres, homosexuales…

Brasil no es Europa, el fenómeno Bolsonaro no es equivalente al fenómeno Le Pen, y los contextos son diferentes. A pesar de ello, podemos considerar que los eventos de Brasil constituyen la verdad de un movimiento de civilización que está barriendo Europa como un incendio. Es la cúspide de una caída de la autoridad vertical, que llama a la puesta en orden del mundo a través de la masacre: o eres como yo, o mueres. Estas manifestaciones se propagan en el mundo con la rapidez que les ofrecen las redes sociales. Si en el pasado, podíamos decir que es necesario combatir y vencer el narcisismo triunfante de la causa del terrorismo (7), este nuevo rechazo de la alteridad que vemos hoy extenderse a toda velocidad impondrá otras modalidades de movilización. Los Fórums Zadig formarán parte de ella.

*Psicoanalista de la AMP (ECF)

Texto publicado con ocasión del Foro de Zadig-Bélgica que se realizará en Bruselas el 1 de diciembre titulado “Los discursos que matan”.

Foto seleccionada por el editor del blog.

 

(1) Scalp: Serie de Conversaciones Anti-Le Pen  que tuvieron lugar durante la campaña electoral por la presidencia de Francia y que terminaron con la creación de la Movida Zadig.

(2) Mounk Y., Le peuple contre la démocratie, Paris, L’Observatoire, 2018.

(3) Ibid.

(4) Oualalou L., «La samba de l’extrême droite», Marianne, n°1128, du 26 octobre au 1er novembre 2018.

(5) Lacan J., «L’agressivité en psychanalyse », Écrits, Paris, Seuil, 1966, p. 114.

(6) Oualalou L., «La samba de l’extrême droite», Ibid.

(7) Miller J.-A., «En direction de l’adolescence », clôture de la 3e Journée de l’Institut de l’enfant, mars 2015.

Cf. https://www.lacan-universite.fr/wp-content/uploads/2015/04/en_direction_de_ladolescence-J_A-Miller-ie.pdf

 

 

Anuncios