Por una apuesta al sujeto dividido

 

Marcus André Vieira*

 

El corto video muestra una mamadera. El narrador, en off, declara que una de esas estará en todas las guarderías si el PT gana la elección. Al retirar su tapa rosa, entonces, se revela un pico en forma de pene. La voz insiste sin cesar “fue Haddad quien creó esa mamadera, sus hijos y nietos van a ser obligados a mamar en una de ellas si el PT gana”.
Este es solo uno de los videos grotescos que deben haber circulado hasta el agotamiento en el WhatsApp de tantos de los que votaron masivamente al candidato del horror en la primera vuelta de las elecciones brasileñas – un candidato declaradamente machista, homofóbico y defensor de la tortura, promoviendo un discurso que autoriza todo tipo de violencia discriminatoria que ya se esparce por el país.
¿Cómo alguien cree en eso? Un Brasil descubrió, perplejo, a qué punto otros “Brasis” se intoxicaban con ese tipo de material y, sobre todo, cómo la veracidad de esas informaciones no parecía importar.
Debe haber dado trabajo esculpir aquel pene y testículos de goma para crear este dispositivo, así como para adulterar fotos, insertando palabras agresivas u obscenas en camisetas de candidatos o simpatizantes, y para crear falsos proyectos de leyes de lo más absurdos, como el de un “kit gay” obligatorio en todas las escuelas. Se une a ello una oleada de mensajes, pequeños videos e imágenes promoviendo frases fascistas y la exhibición ostentosa de violencia contra toda minoría y especialmente contra las mujeres.
Lo más probable no es tanto que se haya creído en estos contenidos, sino que la violencia, el odio, la obscenidad de sus presentaciones, que dejan perplejos a algunos, hayan capturado, fascinado y movilizado a otros. Es necesario detenerse con cuidado sobre el papel de las redes -en el caso de esta elección, especialmente en el del WhatsApp-, con respecto a esta movilización y polarización ciegas. La campaña fue nítidamente capitaneada por esos recursos hasta el punto de que las encuestas de opinión fueron incapaces de preverlo como la del candidato al gobierno de Río de Janeiro, que en la última semana antes de la votación pasó de casi cero a más del cuarenta por ciento de los votos válidos.
Fueron muchos los que se unificaron por el odio. Demasiados. Reaccionaron a la diversidad del estado actual de la cultura buscando la restauración de un orden falocéntrico, por la violencia. No sólo uniformizaron sus palabras, sino que tomaron sus propios movimientos de deseo, a menudo contradictorios, como uno solo, siguiendo un mismo flujo. Parecen haber realizado la proeza de no tener dudas, de conocer la verdad, siempre la misma, antes que nada.
Toda masa, sin embargo, es también multitud – colección de unos y otros, apenas eventualmente unificados.  Hay quienes no están tomados y no tienen la mirada inyectada de quien está a punto de descargar respuestas a los gritos, o incluso en voz baja, a cualquier argumento. Es necesario, entre otras acciones, vitales, en defensa de la legalidad democrática tan amenazada en nuestros días, también encontrar y saber hablar con estos “sujetos divididos”.
Lacan utiliza a menudo esta expresión “sujeto dividido”. Es necesario ser cuidadoso, sin embargo. Para él, el sujeto dividido no es el sujeto de la duda. No se refiere a alguien con doble personalidad o viviendo un dilema del tipo “me caso o compro una bicicleta”. El sujeto de la duda es lo contrario del polarizado.
El de Lacan es otra cosa.
Cuando alguien nos trae su dilema, muchas veces hay que saber no elegir una de sus alternativas, ni querer ayudarle a elegir – eso nos deja, casi siempre, en el mismo impasse que él. Una indecisión, al final, como define Adriana Falcão, es cuando uno sabe muy bien lo que quiere, pero cree que debería querer otra cosa. Lo importante es que sea posible encontrar otras cosas, una tercera, cuarta y quinta opción.
El sujeto dividido no es alguien que es dos, sin saber cuál es el verdadero, o que es uno, sin coraje de asumir el otro lado. Ese casi siempre hace lo peor para salir del dilema. Como lo que leí estos días sobre las elecciones: por no querer votar a la hormiga, la cigarra votó al insecticida.
El sujeto dividido de Lacan no está dividido. Él es dividido continuamente por una multiplicidad de deseos que lo mueven, y no sólo los presentados en la situación en que vive. Es quien puede vivir, al menos de vez en cuando, más de uno de ellos al mismo tiempo.
El sujeto polarizado es centrado, hasta demasiado. Aquellos polarizados por el odio, más aún, por centrarse en la violencia. Contra ellos, es preciso responder y luchar colectivamente. El sujeto dividido puede ser interpretado. Mientras el primero se fija en la rigidez del discurso machista, el segundo puede dejarse llevar por las palabras del femenino pues, como sujeto plural descentrado, puede encontrar un deseo eventualmente oscuro que lo saque del impasse.
Este encuentro no es el descubrimiento de lo que ya estaba allí – una tercera vía escondida -, sino un modo de conseguir una presentación, más o menos estable, de lo que, en el impasse, insistía sin decirse directamente. Es como cuando estamos bajo el impacto de un sueño y extraemos algo nuevo, que nos reconfigura, de su enmarañado de sensaciones. Puede, por ejemplo, ser la dureza del cinturón paterno, pero también las lágrimas de la abuela, el puro azul de una camisa de lino, la dulce extrañeza de un primo. Son estos divinos detalles que releen una historia colocándola en otro nivel por incluir, en nuestro deseo, lo indefinido y lo incierto de sus presentaciones inconscientes.
Nombrar uno de esos objetos del sueño o de la vigilia es sorpresa y apertura, pues no corresponde al simple descubrimiento de algo que dormitaba en el sótano, sino a una novedad en el campo del deseo. Por eso, Lacan afirma que “el deseo es su interpretación”.
El problema, en nuestro espacio colectivo, es que no sólo los sujetos divididos andan muy raros; las interpretaciones y argumentos disponibles tienden a ser demasiado generales para que se pueda obtener el efecto de verdad que reconfigura una elección. Expresiones como “política del odio” o “fascismo” para designar al candidato del horror o a la violencia explícita de sus seguidores, por más verdaderas que sean, tienen poco efecto de interpretación.
La reconfiguración del deseo pide nombres más particulares y eso sólo se consigue cuerpo a cuerpo, uno por uno. Entre los liberales que dicen preferir morir a votar al partido denominado ‘de la corrupción’, incluso con tanta muerte a su alrededor, o entre los religiosos que culpan a los defensores de la libertad de género por la muerte de la familia tradicional, existe, quién sabe, un sujeto dividido atravesado por deseos a ser nombrados. A partir del recuerdo de alguien de la familia, o de una situación de vida particular, ese sujeto tal vez se vuelva sensible a los argumentos, tan evidentes, de que el discurso de uno de los dos candidatos promueve el estado de excepción en lugar del estado de derecho. Es preciso, sin embargo, estar cerca, buscar la mirada y osar interpretar.
¿Conseguirá Brasil hacer salir de su corazón oscuro otra cosa que no “tiro, palazo y bomba”, como cantado en un funk de éxito? La ceguera y la locura del país reveladas por las urnas en la primera vuelta lanzaron a más de uno al miedo y la perplejidad. De la mía, salí cuando percibí que sigo apostando al sujeto dividido, en la sorpresa que él puede tener consigo mismo y con sus objetos de deseo, así como de la reconfiguración que de ello puede venir. Seguiré así hasta la segunda vuelta, en mi clínica, pero, en este momento, en todas partes. Continuaré haciendo lo mismo en el supuesto de que ese Brasil del horror prosiga imponiéndose. Al final, cuando todo evidencia el grado de violencia a que se puede llegar blindando el deseo contra la multiplicidad que lo habita, promover la división del sujeto se convierte en una necesidad política. Parafraseando a Achilles Mbembe, es el devenir inconsciente, el devenir plural del mundo que está en juego.

ps1: Sobre os que vociferam na paixão da ignorância, que não são mais sujeitos, mas, sim, objeto de paixões obtusas, reservo outro texto em que pretendo partir da leitura de Mbembe.https://www.revistaprosaversoearte.com/achille-mbembe-era-do-humanismo-esta-terminando/
ps2: Sobre o “liberal” e o “religioso”, recomendo estes dois textos.
https://oglobo.globo.com/cultura/como-jesus-permite-23142943?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_content=cultura&utm_campaign=newscolunistashttp://www.justificando.com/2018/10/08/tucanos-liberais-e-libertarios-um-apelo-para-a-direita-libertaria/

*Psicoanalista de la AMP (EBP)

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

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