La lógica del rechazo como respuesta migratoria

 

Oscar Strada*

 

Repitiéndose en una insistencia que no es la del deseo, sino la de la invocación que arrastra el fantasma, una vez más, su presencia recorre Europa y EE.UU, en la figura de la migración y la segregación. Dos continentes que reniegan de su significación literal: contener, para significar otra vez su contrario, rechazar, segregar. Otra vez, lo Heimlich se torna en Unheimlich.

Europa y su organismo político debate propuestas para crear nuevos guetos en África, utilizando al “continente negro” no precisamente en el sentido freudiano, sino como continente de residuos. Restos desechables, asches, cenizas anticipadas de campos de concentración de “carne humana”, como definió el ministro italiano Matteo Salvini a las marejadas de inmigrantes que viajan, naufragan y mueren en los mares cercanos.

En EEUU, Trump, que no es precisamente “trumposo”, dice y hace lo que piensa. Continúa con las mismas prácticas nazis de los campos de concentración en el primer paso del manual: separar a los niños de sus padres migrantes. Segregar en la misma segregación. La presión de su partido, la presión nacional e internacional y hasta parece, la de la propia primera dama, le hizo modificar provisionalmente esa medida, por un periodo no mayor de dos meses. Hay que recordar que en ese país, el 50% de los inmigrantes son menores.

La segregación no se juega solo en el rechazo de los inmigrantes. En Francia se manifiesta un nuevo antisemitismo, con más de 2.000 actos en lo que llevamos de siglo y 11 muertos desde 2006 hasta el último, el 23 de marzo pasado. En la ex Alemania del este,  los actos y manifestaciones de xenofobia son constantes.

En la Comunidad Valenciana, hace pocas semanas, hemos recibido 630 refugiados, y en el fin de semana de la noche San Juan, 1.000 inmigrantes han llegado a la costa de Tarifa y 1.000 más navegan por el océano saliendo de Libia, buscando su destino, un destino que no sea la muerte. En ese mismo fin de semana, en Alicante, se quemaban las Hogueras en un festejo fatuo que se gasta cifras astronómicas de euros, como poco antes lo hacía Valencia con su Fallas. Y uno se pregunta ¿qué se quema ahí, junto con el pasado negativo, sino también la propia negación de la existencia de un genocidio?: la memoria de la segregación y el rechazo. Mientras tanto, en algunas ciudades españolas los rescatados y sobrevivientes duermen en el suelo en polideportivos municipales, agradecidos por tener un techo que no sea el cielo estrellado, y unos sándwich de pan de miga, en lugar de hierbas salvajes o la tierra yerma.

La derecha atribuye los desplazamientos actuales al supuesto efecto llamada de la acogida de refugiados. Efectivamente hay un efecto llamada, una llamada al Otro, al Otro de la solidaridad, de la justicia, de la inclusión, al Otro que dé paso a un mecanismo que abra las fronteras al Sujeto.

En “Los siete problemas de la Lógica Colectiva”[1], Eric Laurent recuerda la transformación del aserto de la certeza anticipada y cómo la clase que constituye una colectividad se establece no por identificación, sino por un rechazo, por una exclusión. Lacan ya anticipó que, al estar frente a dos negros, se sabe inmediatamente que se es blanco. Y qué otra cosa no hacen los norteamericanos y europeos, sino predicar esta forma de segregación, que los mandatarios de algunos países como Italia, Hungría y Bélgica ya han anunciado y por supuesto EE. UU., que ganó unas elecciones con ese viejo slogan de Marshall, “América para los americanos”. Así pretenden cohesionarse, dicen “somos norteamericanos” a base de expulsión de chicanos y latinos y “somos europeos”, merced a la política de exclusión. En suma, “somos blancos”.

Teniendo en cuenta la célebre formulación de Adorno de que “Después de Auschwitz, no hay tiempo para la poesía”, recuerdo la respuesta de Lacan, durante la visita a las jornadas del simposium de Baltimore, cuando Noam Chomsky cuestionaba el carácter científico del psicoanálisis. Lacan, en lugar de rebatirle, respondió: “entonces el psicoanálisis es poesía”.

Pienso que, más allá de la ciencia y la poesía, después de la proposición de J.A Miller, en Campo Freudiano año cero, con la creación de la Red Internacional Zadig, se desarrolla el nudo de Política y Extimidad, advirtiendo que lo más íntimo para el sujeto es el extranjero a sí mismo y que podemos contribuir como analistas al rescate de la subjetividad y de la singularidad.

La Red Zadig (Grupo Democrático Internacional Zero Abjección) ofrece la posibilidad de incidir en la política desde el psicoanálisis para contrarrestar los estragos del neoliberalismo y el discurso capitalista sobre el sujeto. Esta propuesta también implica un compromiso y un efecto llamada a la responsabilidad y a la ética.

*Psicoanalista, socio de la sede de Madrid de la ELP.

Foto seleccionada por el editor del blog.

[1] Eric Laurent, en Imaginario y Lógica Colectiva. Ed. Eolia. Madrid.

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