Nota sobre la incidencia del psicoanálisis en la política: el capitalismo y el santo

 

 

Joaquín Caretti*

 

1.

El 14 de mayo de 2017 en Madrid, Jacques-Alain Miller crea la Movida Zadig: red política lacaniana, cuyo objetivo declarado es conseguir que el discurso analítico incida en la política. Posteriormente, el 11 de junio publica “Campo freudiano, año cero” donde precisará que “La red política lacaniana mundial (que) no se confundirá con la AMP ni con sus Escuelas, constituye más bien una extensión al nivel de la opinión” y que con respecto “a los procedimientos de Zadig y a las causas que defenderá a escala nacional y a nivel trasnacional, todo está por inventarse. (…) ¡Campo libre a las iniciativas!”  Es decir que el campo está abierto y les corresponde a los psicoanalistas, a partir de ahora, el encontrar las vías donde esta propuesta pueda fertilizar.

¿Qué nos puede orientar sobre las causas a tomar en consideración y los modos que hay que implementar para incidir en la política? Inicialmente, tenemos que sacar las consecuencias de la primera frase del texto freudiano de Psicología de las Masas donde Freud afirma que la psicología individual y la social están íntimamente entrelazadas. Luego, podemos tomar en cuenta lo que Lacan desarrolla en Televisión a la luz de los comentarios que Jacques-Alain Miller hace de ese texto en Nueva York en 1990[1] y también no perder de vista la pregunta que se hace Lacan en diciembre de 1967 acerca de quién retomará las indicaciones de sus Escritos cuando el psicoanálisis haya rendido sus armas antes los impasses crecientes de nuestra civilización.[2] Estos impasses los provoca actualmente el discurso capitalista bajo su modalidad neoliberal.

2.

La cuestión es incidir sobre la civilización -gobernada por el discurso capitalista- orientados por el discurso analítico. Este último solo se produce bajo transferencia en el trabajo sobre el inconsciente de cada uno. Es allí donde el analizante alcanza un saber hacer con las determinaciones inconscientes que lo llevaban a ser un fiel servidor del superyó, servidumbre de la cual se vale el discurso capitalista. Así, de la experiencia analítica saldrán santos[3] -aquellos que no practican la caridad- que se opondrán al sentido común de la civilización sin ceder en nada. Dice Lacan: “Cuantos más santos seamos, más nos reiremos: es mi principio; es incluso la salida del discurso capitalista -lo cual, si solo es para algunos, no constituirá ningún progreso.”[4] Posición ciertamente difícil de alcanzar, como lo confiesa Lacan para él mismo, pero que implica para el psicoanálisis la responsabilidad en la salida de dicho discurso. Esta posición de santo con la cual define al psicoanalista -y que Jacques-Alain Miller la señala como una ironía de Lacan- pienso que hay que entenderla como la de aquel sujeto que no se deja atrapar por los cantos de sirena que impone el capitalismo a la civilización. Es decir, sujetos “santos” que han atravesado de algún modo la psicología de las masas, que tienen una relación más amable con el superyó y que han conseguido un saber hacer con su síntoma. Sujetos que desde su propia posición subjetiva le hacen la contra a un discurso que lo que busca es adocenar a la humanidad y domeñarla hasta los últimos confines del parlêtre.

3.

Cuando se trata de incidir en la política oponiéndonos al sentido común de la civilización, desde la posición del santo, nos orientan los significantes del psicoanálisis: síntoma, goce, deseo, pulsión, psicología de las masas, real, identificación… y sabemos que se trata de incidir en el discurso de la política para modificar aquellos aspectos que ataquen al Estado de derecho, a la democracia y a los impasses que la civilización neoliberal impone a los sujetos. Se trata de hacer una lectura de dicha civilización desde los significantes del psicoanálisis y sin olvidar que el discurso capitalista es enemigo del psicoanálisis. De modo que, cuando desde Zadig nos decidimos a incidir en la política, lo que hacemos es navegar en la dirección contraria al capitalismo. Esto hace necesaria una posición clara de los psicoanalistas, sin ambages.

El neoliberalismo, en su claridad política, se dirige a hacer desaparecer cualquier presencia del psicoanálisis en la civilización contando como aliados con las terapias cognitivo-conductuales y el cientificismo. Estos son fieles servidores de una nueva racionalidad que apunta a influir en lo más íntimo de la subjetividad para anularla. Así lo afirma Jacques-Alain Miller de Lacan en Televisión cuando dice que este “está resistiendo desesperadamente a una fuerza eficaz tendiente a inscribir al psicoanálisis en la economía capitalista”.[5]

4.

El capitalismo es un sistema económico y discursivo que Lacan propuso como un quinto discurso por fuera de los discursos. Este sistema económico neoliberal, que hoy se ha naturalizado a escala planetaria, implica una “nueva razón del mundo”[6] que compromete a todos sus habitantes: les exige -a ellos y consecuentemente a la civilización- una identificación a su proyecto que influye directamente en la cultura y en la política. Es un discurso que rompe el lazo social y envía a los sujetos a una soledad -soledad de los productores/ emprendedores de sí mismos- sin articulación con ningún común, convirtiéndolos en una mercancía más. A su vez, es una máquina de generar deuda y culpa ya que, por un lado, produce incesantemente objetos e incita al goce de adquirirlos sin límites -aquellos que puedan- mediante la toma de créditos y por el otro, cuando el sistema entra en crisis denuncia este goce de consumir como un “vivir por encima de las posibilidades”, generando culpa y exigiendo sacrificios que solo se dirigen a perpetuar la perversión del propio sistema. El mecanismo de la deuda es la manera más lúcida que tiene el neoliberalismo para apropiarse del futuro de los ciudadanos, es decir, para garantizar que todos estaremos al servicio de un sistema que goza de apropiarse de la plusvalía utilizando las instituciones democráticas. Tal como señala Jacques-Alain Miller “(…) este superyó que alimenta, que cuanto más acepta el sujeto estas demandas se hace más y más demandante, es el capitalismo mismo”[7]

Por lo tanto, así como afirmamos que el psicoanálisis no puede ejercerse sin democracia y sin un Estado de derecho, podemos preguntarnos si el neoliberalismo es acaso una racionalidad y un sistema económico compatible con el psicoanálisis.

5.

Una propuesta desde Zadig es entonces, sosteniendo la posición del santo, asumir la responsabilidad que comporta el oponerse al discurso capitalista. Ningún psicoanalista podría sentirse ajeno a la tarea de escuchar/leer la subjetividad de su época e iluminar con su discurso los impasses de la civilización, apostando a que no hay ningún sistema que pueda terminar de condicionar y anular para siempre lo más singular de cada uno inscripto en lalengua.

De la firmeza con que cada psicoanalista se comprometa en esta tarea, tomando en cuenta su estilo personal, resultarán la lucidez para escoger las causas justas y los modos particulares de intervención en la política desde lo más propio de su discurso.

 

*Psicoanalista de la AMP (ELP)

 

Foto seleccionada por el editor del blog.

 

Publicado en http://lalibertaddepluma.org/joaquin-caretti/

 

[1] Miller Jacques-Alain. Una lectura de algunos detalles de “Televisión” en diálogo con la audiencia. En “El lenguaje, aparato del goce”, Colección Diva, Buenos Aires, 2000.

[2] Lacan Jacques. El psicoanálisis. Razón de un fracaso. Otros Escritos. Paidós. Buenos Aires, 2012, p. 369.

[3] En hebreo la palabra Kadosh (santo) significa algo que es “otro” (separado), exactamente lo opuesto de algo que es común.

[4] Lacan Jacques. Televisión. Otros Escritos. Paidós. Buenos Aires, 2012, p. 546.

[5] Miller Jacques-Alain. Óp. Cit. P. 34.

[6] Laval Christian y Dardot Pierre. La nueva razón del mundo. Gedisa. Barcelona, 2013.

[7] Miller Jacques-Alain. Óp. Cit. P. 36.

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