La vida episódica

 

Gustavo Dessal*

 

 

‘You’ve got to be prepared to take care of yourself.’

Farai Chideya, The episodic career

 

 

 

La expresión “nueva normalidad” (the new normal) se ha convertido en un sintagma corriente en el discurso neoliberal. A fuerza de repetirse en innumerables y diferentes contextos, se busca que los ciudadanos introyecten y asuman como un estado natural lo que en principio debería despertar una conmoción social y una revuelta contra el agravio a las condiciones de vida. “La nueva normalidad” pretende exactamente eso: normativizar decisiones políticas que obedecen a los intereses del poder como si fuesen acontecimientos que caen del cielo, o que resultan de transformaciones irremediables a las que no tiene sentido alguno oponerse, ya que “suceden” por acción de fuerzas misteriosas.     Para convencernos de que nuestra vida errática y nuestro presente y porvenir migratorio es algo a lo que sensatamente debemos prepararnos, se ofrecen argumentos muy bien articulados. Analicemos los principales:

  • El ideal del yo que rige esta “nueva normalidad” se caracteriza por auspiciar una subjetividad “flexible”. La “flexibilidad” es una de las mayores virtudes que se puede exhibir en un currículum ejemplar del mundo líquido. Ser “flexible” significa -entre otras cosas- no insistir demasiado en posiciones anticuadas, tales como los derechos laborales, las reivindicaciones salariales, la disponibilidad horaria, y desde luego la movilidad. El trabajador ideal es aquel que consiente a la demanda del Otro y no opone resistencia a ser trasladado a la tarea o el destino que la empresa solicite.
  • Cualquiera sea la estrategia adoptada para el logro de una exitosa adaptación a la realidad actual, jamás debe apoyarse ni en la expectativa social ni en la acción conjunta ciudadana. Eso está definitivamente pasado de moda; es un recurso propio de gente que carece de imaginación, de iniciativa y de espíritu de lucha, gente que está destinada al vertedero de los perdedores, al exilio del lazo social. La única respuesta admisible debe partir exclusivamente del impulso individual. Una identidad mutante y plástica, capaz de adaptarse a la caducidad programada de las condiciones de vida y dispuesta a emprender el camino de la errancia existencial, laboral y social, será fundamentalmente una no-identidad. Una no-identidad es el objetivo último del nuevo paradigma sociopolítico, que es al mismo tiempo el de una ideología que solo funciona mediante el binario “lo mío-lo ajeno”, siendo lo ajeno lo que evidentemente amenaza con apropiarse de lo mío. Una no-identidad se construye mediante una retórica que hace de la globalización una suerte de lengua universal despojada de historia, y fundamentalmente desarraigada de toda adherencia libidinal a su propia historicidad. El reverso de este proceso es el auge reactivo de los nacionalismos, que ofrecen una suerte de compensación identitaria a aquellos que no logran asimilarse a la espiritualidad algorítmica.
  • La no-identidad funcional (es importante destacar dicha funcionalidad, a distinguir de cualquier forma clínica de despersonalización) se promociona como la gran oportunidad que el sistema nos ofrece para que los sujetos preparados para la supervivencia y la conquista del éxito experimenten como una aventura enriquecedora aquello mismo que los moralmente débiles perciben como precariedad. El sujeto no-identificado no es exactamente alguien que carece de referentes. Los toma de los significantes amo que el discurso neoliberal dispersa a través de sus medios, pero lo fundamental es que se trata de un sujeto que no reconoce deuda alguna, ya que se constituye por fuera de la alienación a las representaciones tradicionales tributarias del Nombre del Padre. Se debe a sí mismo, y su des-identidad lo prepara para condescender a la indeterminación cronificada, a la nueva servidumbre disfrazada de carrera en episodios. Finalmente, esa des-identidad acaba por transmutarse en una identificación al síntoma…del Otro. Como lo expresa un artículo de la banca Morgan, “se trata de un viaje entre episodios, con experiencias que informan y se superponen, creando todas juntas oportunidades de crecimiento y un nuevo potencial de realización”. En una breve frase, los significantes amo “experiencia”, “oportunidad”, “crecimiento” y “realización” se enlazan hábilmente para convertir una época desdichada en la promesa de una vida alejada de la monotonía y entregada a la emoción de lo nuevo. El superyo escribe el guión,   el mercado organiza el casting, y lom pone el cuerpo.

La cínica pero progresivamente admitida fórmula de que la inestabilidad es en verdad un estímulo para la innovación, que trasladarse de empleo en empleo, de ciudad en ciudad, de especialización en especialización, es en realidad un proceso de “crecimiento personal”, “enriquecimiento vivencial”, una oportunidad para hacer nuevos lazos, desembarazarse de las ataduras de lo rutinario, emprender una vida renovada, constituye una retórica a la que los sujetos deben habituarse para contemplar el mundo desde una perspectiva positiva. La trayectoria laboral en episodios no puede imponerse solo mediante la fuerza bruta ejercida sobre las nuevas generaciones de trabajadores. Es preciso implementar una narrativa capaz de convertir el pragmatismo de los hechos (que se presentan bajo la modalidad de cadena rota) en una maravillosa oportunidad para descubrir otras avenidas que conducen a desafíos desconocidos, pero que prometen una “reinvención” subjetiva. Innumerables expertos y asesores ofrecen sus servicios de coaching para ayudar a que las personas puedan crear un argumento capaz de dar sentido a los movimientos migratorios del sujeto mercantilizado. Uno de los aspectos más interesantes de toda esta fantasmagoría necesaria para la adecuada digestión de la “nueva normalidad”, es la progresiva sustitución de las técnicas cognitivo-conductuales por el coaching inspirado en las filosofías orientales. En los Estados Unidos, las grandes corporaciones emplean cada vez más a gurús que imparten talleres y seminarios de espiritualidad budista y zen. Las compañías de internet que ofrecen esta clase de servicios (trending en el área de Silicon Valley, pero que van extendiéndose por doquier) se han multiplicado por centenares en los últimos años. Nada como un buen batido de algoritmos y mindfulness para reponer fuerzas en la apasionante “carrera no-lineal”.

*Psicoanalista de la AMP (ELP)

Texto presentado en el XI Congreso de la AMP, Barcelona, abril de 2018.

Foto seleccionada por el editor del blog

 

 

 

 

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