EL Procés: Dos preguntas de Xantal Llavina a Miquel Bassols*

 

Después de la entrevista realizada en el programa “Autentics” de El Punt Avui TV, la periodista Xantal Llavina quiso hacerme dos preguntas más por escrito a propósito de la situación política en Cataluña y publicarlas en la edición de papel. Aquí van mis respuestas, agradeciendo a Xantal Llavina su saber hacer.

¿EL PROCÉS HA AFECTADO EMOCIONALMENTE A LAS PERSONAS?

Seguro. Como cualquier acontecimiento político y social de esta magnitud, lo que se ha llamado “El Procés” ha tocado también lo más íntimo de cada persona, siempre de maneras diferentes: la incerteza y la angustia, la sensación de rechazo o de desamparo, pero también de solidaridad y de decisión conjunta, el sentimiento de pertenencia a un grupo sea el que sea, la alegría y la tristeza al mismo tiempo, los sentimientos de injusticia y de opresión. El abanico de emociones y afectos es bien amplio, desde el sentimiento maníaco hasta la depresión más profunda. Es un tiempo de subidas y bajadas emocionales que cada uno vive de una manera diferente. Se han roto grupos de WhatsApp pero también se han creado otros por estas mismas razones. Los efectos están a flor de piel, casi nadie se ha sentido indiferente y se habla también en las sesiones de psicoanálisis. Allí se dicen cosas que a veces no se pueden decir en otro lugar, con los amigos, con la familia o en el trabajo. Eso es posible en la medida que el psicoanalista esta en un lugar neutral ideológicamente, sin una posición partidista, alguien que ha de saber escuchar igualmente a cada persona singular más allá de su ideología o identificación política.

Eso no quiere decir que el analista y el discurso del psicoanálisis no haya de tomar partido públicamente – cosa diferente del partidismo – en cuestiones muy precisas como son la defensa del estado de derecho, de los derechos civiles y de expresión. Allí donde estos derechos no puedan existir tampoco puede existir el psicoanálisis que es antes que nada un ejercicio de libertad de palabra. Aunque es precisamente en el ejercicio de la palabra que nos mostramos menos libres de lo que pensamos.
“Diga todo lo que se le ocurra” –es la regla fundamental del psicoanálisis. Y enseguida comenzamos a experimentar la gran dificultad que tiene cada uno en cumplir esta regla. Así, la experiencia de un psicoanálisis es también la experiencia de las contradicciones que supone ser un sujeto que habla, un ser de lenguaje. No sabemos decir todo lo que realmente queremos y deseamos y eso hace aún más difícil la conversación política.

DICEN QUE HA FALTADO LA CONVERSACIÓN…

Sí, claramente ha faltado la conversación que sólo puede existir entre dos sujetos que se reconocen como tales en el respeto de su singularidad. El hecho de no respetar la singularidad del otro tiene un efecto paradójico: se pierde la autoridad, también la autoridad política, sobre este otro. Y el Estado español ha perdido, en efecto, su autoridad política en una parte importante de su territorio cuando no ha podido reconocer esa singularidad. Entonces, cuando se interrumpe o se rompe la conversación que se funda en esta autoridad que nos da la palabra, solo queda el ejercicio del poder, ya sea el poder de la ley o el de la fuerza física más brutal. A veces no hay ninguna otra salida, es cierto, pero es una paradoja que el psicoanálisis conoce bastante bien: cuantos más recursos se utilicen desde la legalidad y la fuerza física, menos autoridad se tiene. O como decía el filósofo Alexandre Kojéve, “la legalidad es el cadáver de la autoridad”. Lo repetimos a menudo y es bien cierto: el conflicto en Cataluña, el “síntoma Cataluña” que ya es un síntoma en Europa de cosas que no van bien en sus naciones, no se pueden tratar solo desde la legalidad, sino que es un conflicto político que pide una conversación seria. Y hace falta hacer todo lo posible para retomar el hilo de esta conversación política. Un psicoanálisis no es una conversación política, en el sentido clásico de la palabra “política”, pero el psicoanálisis puede ayudar a encontrar los elementos simbólicos necesarios para hacerla posible: las identificaciones, la transferencia, las satisfacciones sustitutivas de la pulsión, todo eso también esta en juego en el tablero simbólico de la política. Lo simbólico –estos días se habla mucho de los “actos simbólicos”– es muy importante para entender la dimensión del síntoma y del conflicto, ya sea individual o social. Hay una política del síntoma, como decía Jacques Lacan, que funciona con estos símbolos. De la misma manera también afirmaba, de modo muy enigmático, que “el inconsciente es la política”. Eso quiere decir que nos movemos inevitablemente por razones que no sabemos, por identificaciones y fantasmas inconscientes, también en la política.

Los psicoanalistas que seguimos la vía abierta por Jacques Lacan hemos impulsado recientemente un movimiento internacional, llamado Zadig, para ver precisamente qué consecuencias podemos extraer, desde la experiencia psicoanalítica, en el campo de la política. No se trata de psicoanalizar a los políticos sino de ver las maneras de recuperar la conversación política sobre los conflictos a partir de lo que nos enseña el psicoanálisis.

*Psicoanalista de la AMP (ELP)

Traducción de Margarita Bolinches

Fotografía seleccionada por el editor del blog

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