El que llega

 

Carla Antonucci*

 

El extranjero, un tema tan antiguo y tan polémico, siempre presente en la historia, desde la filosofía al psicoanálisis, en el transcurso del tiempo y en la sucesión de los pueblos, cada vez encarnado en alguien diferente, pero al tiempo similar al precedente, extranjero libertador o invasor, extranjero subyugado, amado, despreciado, acogido, rechazado, en cualquier caso, una figura ambivalente. De Sócrates, Freud, Lacan, a los filósofos contemporáneos un tema que parece estar destinado a estar siempre presente en la esfera humana y que hoy nos toca de cerca.

Son muchos los pasajes y saltos que la palabra extranjero ha evocado en mí. El primer concepto no puede dejar de ser el que hace atadura y se espeja con la antigüedad: l’unheimlich[1]. Freud señala como la palabra heimlich, en los diferentes matices de su significado se desarrolla de manera ambivalente, hasta coincidir con su contrario, unheimlich.

En el diccionario de D. Sanders: heimlich, adjetivo, está presente en los dos significados, uno familiar, fiable, confortable; el otro escondido, mantenido oculto, de manera de no hacerlo saber a otros. L’unheimlich se connota entonces, como el contrario del primer significado y superponible al segundo. Como Freud escribe “unheimlich es, en cierto modo, una variante de heimlich” [2]. Es gracioso como la palabra extranjero evoca la turbación y como la palabra turbación sería, dice Freud, “eso que un día fue heimlich” [patrio], familiar” [3].

El extranjero es perturbador pero no olvidemos que perturbador es aquello que es doble, el sosia también representa lo que amenaza, no hay que olvidar continúa Freud “el carácter perturbador del sosia puede originarse solamente del hecho que el sosia mismo es una formación aparentemente de tiempos psíquicos remotos ahora superados” y de manera más actual prosigue” el sosia se ha convertido en un espantajo….”[4].

En la antigüedad griega resuena otra palabra tan polisémica como la alemana unheimlich,se trata de xenos, que también me remite al extranjero. Xenos es el huésped, pero también el intruso, el extranjero puede ser benéfico y traer dones consigo o ser un invasor. Xenos es también alien, algo tan extraño que no tiene, en ningún caso, nada parecido a mí.

La ambivalencia es lo que me golpea del término extranjero, su rol es al mismo tiempo de amenaza y de don, llevando consigo la contraposición entre rechazo y acogimiento.

El extranjero me remite a la madre, el primer Otro para el sujeto, el Otro primordial, omnipotente, al Das Ding de Lacan, a la misma raíz de la que brota el mal y el bien, me remite a una irreductible duplicidad de una presencia con la que cada uno de nosotros está llamado a confrontarse. “El Ding [la Cosa] es el elemento que originariamente el sujeto aísla[…] como por su naturaleza extraño, fremde”[5].

No hay coordenadas que orienten la relación con Das Ding, nada que permita reducir al otro a una imagen apareable a la propia: ninguna reciprocidad en este encuentro, un encuentro que ha faltado desde y para siempre; Lo que queda es un encuentro que, de existir, tiene el carácter eventual del que habla Derrida. [6]

El evento es la llegada del arrivante (arrivant), en tanto que portador del imprevisto, de la absoluta alteridad. L’èvenement no se reduce al hecho de que algo llega, que algo puede suceder; l’arrivant es constitutivo del acontecimiento, completamente un otro, algo que “se espera no esperar” [7]. En Ecografía de la televisión Derrida critica fuertemente la televisión, los mass media en cuanto atacantes del estado moderno. Por ejemplo, un medio como internet o la televisión, modifican estructuralmente la percepción de las dimensiones espacio temporales. Los mass media son instrumentos de poder político, la política borra el acontecimiento, borra aquel hecho inesperado que representa la riqueza inagotable de la realidad. Si el acontecimiento por un lado asusta, es portador de lo nuevo y los media ponen en acto con su poder una operación de construcción, de fabricación, todo está previamente puesto en bandeja, los media parecen el lugar de la llegada del ser del suceso, de la manifestación de l’ arrivante. Pero todo esto es una mentira pues la actualidad es producida industrialmente, el evento en cambio es singular, los media entonces esconden y callan la singularidad, la individualidad.

*Instituto Freudiano (Roma)

Traducción de Luisella Rossi.

Foto seleccionada por el editor del blog

 

 

[1] S. Freud, “Il Perturbante” in OSF. Vol. 9, Bollati Boringhieri, Torino, 1989.

[2] Ibidem, pag. 87

[3] Ibidem pag 106

[4] Ibidem pag. 97

[5] Lacan, J., Il Seminario. Libro VII, cit., pag 64

[6] J. Derrida, B. Steiegler, Echographies de la télèvision, cit.

[7] Ibidem pag. 21

 

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