Se odia desde entonces abiertamente y sin vergüenza[1]

 

Dalila Arpin*

 

La última película del realizador germano-turco, Fatih Akin pone de relieve un fenómeno contemporáneo. Katia, joven alemana, esposa de Nuri, su antiguo dealer turco, cuando éste aún está en la cárcel. A la liberación, forman una bonita familia que se deshace a causa de un atentado: Katia pierde marido e hijo. La policía la interroga: ¿Su marido tenía enemigos en el narcotráfico? ¿Era militante turco contra los kurdos? ¿Antiguos conocidos de la cárcel podrían proceder a un arreglo de cuentas? Pero la solución será la de una nueva hipótesis, aun, que los investigadores no habían contemplado. Dicho de otra manera: el odio puede venir de todos lados

Dos libros publicados recientemente señalan lo nuevo con respecto al odio del Otro: “Contra el odio, un alegato en defensa de la pluralidad de pensamiento, la tolerancia y la libertad[2], Taurus, 2017, de Carolin Emcke, periodista e intelectual alemana y «Tu haïras ton prochain comme toi-même[3] », d’Hélène L’Heuillet, filósofa y psicoanalista francesa. Ambas constatan que el odio se expresa actualmente a cielo abierto y que ya no es mas objeto de la represión. Carolin Emcke señala que en Alemania un nuevo fenómeno viene a nombrar la agresividad e incluso el odio de lo que ella llama “lo impuro”: “el ciudadano inquieto”. Nadie quiere ser considerado como racista, pero la inquietud encuentra legitimidad ante los ojos del público. No son xenófobos, sino ciudadanos que se inquietan por la llegada de inmigrantes. Esta “inquietud ciudadana” no apunta a los gastos y el uso del dinero de la comuna, sino al “pillaje” de puestos de trabajo del “pueblo” por parte de los recién llegados. No es más la inquietante extrañeza, sino el inquietante extranjero…

¿Este odio “disimulado bajo la capa de la inquietud” no es acaso el avatar -como lo postula la autora (o la sopapa) de una experiencia colectiva de privación de derechos, de marginalización o de representación política deficiente? Es allí donde anidan los populismos actuales. Este discurso político que llama a los intereses del “pueblo” y se erige en su defensor contra los intereses de una así llamada elite. Es un movimiento que se dice democrático pero que en realidad ataca la democracia representativa, considerada como poco creíble y defectuosa. Dicho movimiento se organiza alrededor de una figura carismática que habla “al pueblo” de manera demagógica.

Según Hélène L’Heuillet, la denuncia del modo de vida capitalista de parte de los yihadistas facilita el pasaje al acto por la movilización de la pulsión de muerte. La crítica del lugar de los objetos en nuestra sociedad de consumo, que ellos consideran como una idolatría, va en efecto lógicamente, en una perspectiva de conversión mesiánica, hasta la denuncia de la idolatría de la vida[4]. Podemos entonces cernir cómo el modo de vida occidental, que hace de la subida al zenit del objeto su modo de gozar privilegiado, es vivido por los yihadistas como un acto malévolo que les está dirigido. Esto se distingue de la critica marxista del fetichismo de la mercancía, que ahorra la vida a los terroristas revolucionarios, como lo dice la autora. En esta perspectiva, el odio esta reprimido, mientras que, en el movimiento yihadista, aparece a cielo abierto. En el fondo, como ella lo indica, el odio del modo de vida occidental es un odio hacia la vida en su conjunto: matar y matarse están tramados en la misma tela[5]. Por lo tanto, la conversión no se logra sino con el acto suicida ya que hay que matar el idolatra que está en sí mismo[6].

Sabemos, con Lacan[7] que el odio es la pasión que apunta a la destrucción del ser del Otro. Hace valer lo insoportable del Otro para aquel que experimenta, o bien que lo manifiesta. Aun si este Otro no es otra cosa que la alteridad a si mismo, que habita en cada uno de nosotros[8]. La última enseñanza de Lacan nos enseña que el Heteros es difícil de alojar tanto para los hombres como para las mujeres[9]. El aniquilamiento deseado del Otro revela el encierro en la cárcel de lo mismo, del “todos iguales”, que Lacan llama el dominio del Uno.  Asistimos, hoy en día, a un fenómeno fuera de las normas: por un lado, la hipertrofia del lazo, facilitada por todos los medios técnicos imaginables y, al mismo tiempo, el auge de los movimientos racistas, homófobos, antisemitas y nacionalistas, que aspiran a la construcción de universos cerrados. Es esto último lo que da la razón de lo primero: el lazo facilitado por la era numérica no es otra cosa que la propagación de burbujas reunidas en universos herméticos.

En Alemania, el Hate Poetry Slam es una tentativa de deshacer este odio por medio del bien-decir: las victimas de insultos racistas exponen-en forma anónima- en un teatro las cartas que han recibido frente a un auditorio que las acoge divertido y que al final de la sesión, elige la “mejor carta”. Este dispositivo permite el vaciado del sentido injuriante y la transformación por el humor. La lectura pública es también una manera de hacer lazo social, y de no quedarse en la soledad del sufrimiento.

Apostemos a que la globalización del lazo evolucione hacia la consideración del ser del Otro, más cercano del amor que del odio. ¡Aun un esfuerzo para cambiar de pasión!

*Psicoanalista de la AMP (ECF)

[1]Emcke, C., Contra el odio, un alegato en defensa de la pluralidad de pensamiento, la tolerancia y la libertad, Taurus, 2017.

[2] Ibid.

[3] L’Heuillet, H., Tu haïras ton prochain comme toi-même », Paris, Albin Michel, 2016.

[4] Ibid., p. 72.

[5] Ibid., p. 73.

[6] Ibid., p. 76.

[7] Lacan, J., Seminario, libro I, pero también a lo largo de su enseñanza.

[8] Lacan, J., Le triomphe de la religion, Paris, Seuil, 2005, p. 62.

[9] Lacan, J., Otros escritos.

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