¿Democracia? Absolutamente! ¿Pero bajo cuál forma?

 

Pierre-Gilles Guéguen*

¿Por qué los psicoanalistas tienen un deseo ardiente de democracia?
Se responderá que se trata en primer lugar de la existencia del psicoanálisis, de su posibilidad concreta y práctica. El discurso psicoanalítico orienta por sobre cualquier otro discurso la acción de quienes merecen el nombre de psicoanalistas, puesto que para ellos es el único que subvierte la biopolítica, denunciada tan justamente por Michel Foucault. Antes de ser un oficio, la práctica del psicoanálisis necesita, entre otras cosas, el análisis personal y por lo tanto haber hecho pasar por encima de toda consideración mundana su propio análisis y el encuentro con el real.

En un régimen político donde la libertad de la palabra está amordazada, régimen que a partir Hannah Arendt designamos como “totalitario”, no hay posibilidad de practicar aquello que llamamos a partir de Freud un psicoanálisis, es decir aquel coloquio singular de dos, fuera de toda norma y de todo conformismo. El analizante rastrea allí la verdad de su goce y la mide con aquello que el discurso del amo exige. Eso que se le revela en su cura es, sin duda, la parte que él toma en el discurso del amo, pero también aquella del imposible que hay para él de conformase a tal discurso. Un psicoanálisis no se hace en comunión con el inconsciente, y Lacan recomendaba cuidarse de “preferir el inconsciente en todo”, un psicoanálisis se hace extrayendo para cada uno de su relación al Otro, aquello que lo singulariza, aquello que objeta a lo que valdría para todos, y esto se hace por medio de la exploración de esa concreción singular de lenguaje que es para cada uno su síntoma. Per via de levare, como decía Freud.

Los regímenes políticos que denominamos democráticos son aquellos que permiten y favorecen la multiplicidad de opiniones y de modos de gozar, y que organizan su confrontación a través de las modalidades de tratamiento aceptadas por el conjunto del cuerpo social. Así, ellos permiten que, más allá de la fractura inherente a las discordias, una unidad del pueblo pueda existir.

De hecho, hablamos de regímenes políticos representativos parlamentarios, ligados a los Estados-nación, tal como funcionan desde el siglo XIX en Europa y en el continente americano (con largos paréntesis para ciertos países de América Latina). Cuando ahora decimos que hay un deseo decidido de democracia, debemos también preguntarnos dentro de cuál forma de democracia el psicoanálisis de orientación lacaniana puede existir y prosperar. En ciertos países el psicoanálisis se ha extendido, en otros (Inglaterra, Alemania, EEUU, sin mencionar los países orientales) le cuesta implantarse. Ya Freud se dio cuenta de esto respecto a EEUU.

Marcel Gauchet, politólogo que se refiere con frecuencia a Lacan, recordaba a inicios del siglo XXI que la democracia y su ejercicio han evolucionado a lo largo del siglo XX[i]. El núcleo de una sociedad llamada democrática supone el respeto de un estado de derecho que garantiza las libertades fundamentales, como la libertad de expresión, la separación de las creencias religiosas y el ejercicio del poder (modelo republicano laico, menos garantizado en países como EEUU, por ejemplo). Este ejercicio supone también que la “gobernanza” sea organizada según el principio de separación de los poderes legislativos, ejecutivos y judicial. Gauchet señala que a finales del siglo, un factor esencial de la evolución fue la integración de los Derechos humanos. Ilustrada por el desarrollo de las ONG y la promoción del “derecho de injerencia” en los espacios de otros estados. Esta integración ha acercado, según Gauchet, los regímenes que consideramos como democráticos a los ideales de la revolución francesa, ideal de igualdad contenido en la Declaración de los derechos humanos, pero al mismo tiempo ha socavado la consistencia de los regímenes democráticos y por lo tanto de los Estados-nación, a través de la introducción de supuestos valores universales.
Desde el inicio del siglo XXI, otros fenómenos y creencias han contribuido aún más a la debilitación de las democracias y de su poder para superar por medio de la conversación política las divergencias entre los ciudadanos: El modelo neoliberal suplanta por doquier la acción política y el método gerencial tiende a hacer las veces de ideal político del servicio del Estado. Métodos de evaluación estandarizados y generalizados debilitan y empobrecen el contenido específico de las políticas, mientras que el régimen del contrato se extiende por todos lados, importado desde el pensamiento anglosajón. La economía ultra financiarizada y el fenómeno de la globalización digital terminan de socavar las formas democráticas de los Estados-nación, propagando el pensamiento “para todos” y la expansión del capitalismo uniformizante, que corroe las especificidades de las culturas y las diferencias entre los pueblos. Paradójicamente, esta uniformización del pensamiento político produce una angustia que suscita reflejos identitarios (Reino Unido, Cataluña) y cada vez más comunitarismo.

Vienen a mi memoria dos intervenciones de Lacan respecto a este tema:
La primera data de 1967 y figura en la Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela: “Nuestro porvenir de mercados comunes — dice — encontrará su contrapeso en la expansión cada vez más dura de los procesos de segregación”[ii].

La otra está en su Televisión: “… he visto varias veces a la esperanza – lo que llaman: los mañanas que cantan – llevar a gente que apreciaba tanto como lo aprecio a usted al suicidio muy simplemente”[iii].
No podremos decir que no hemos sido advertidos.

*Psicoanalista, miembro de la AMP (ECF).

Traducción José Miguel Granja

[i] Gauchet, Marcel. La democracia contra sí misma. Rosario: Homo Sapiens Ediciones, 2004 [Gauchet, M., La democratie contre elle-même, coll Tel, Gallimard, Paris, 2002].

[ii] Lacan, Jacques. Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 276.
[Lacan, J., Autres écrits, coll Le Champ Freudien, Seuil, Paris, 2001, p. 257].

[iii] Ibid., p. 568 [Ibid., p. 542].

 

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