Desde Zadig-España iremos haciendo conocer todo el material que vaya saliendo para la preparación del próximo Foro Europeo. A su vez, queremos recalcar el interés que tiene la participación en el mismo dados los acontecimientos que están sucediendo en nuestro país.

PROFESIONES IMPOSIBLES

 

Paola Bolgiani*

Freud ha identificado la espina dorsal de cada sociedad en la estructura edípica y en la función paterna. Ya sea que se trate de la organización del estado o de la organización religiosa, Freud encuentra la matriz del Edipo: la confianza en un Padre que establece la ley, las reglas y las prohibiciones.
Sin embargo, el psicoanálisis, la educación y la gobernabilidad son, bajo su pluma, tres profesiones imposibles[1]. No-todo del síntoma se puede descifrar. No todo de la pulsión puede estar sujeto a la Ley. No todas las necesidades individuales pueden canalizarse a través del lazo social. Siempre quedan algunos restos que no se pueden analizar, que no se pueden educar, que son ingobernables.
Podemos decir que la democracia es la forma de gobierno que mejor toma en cuenta este resto. Podríamos decir que solo la forma democrática de gobierno deja espacio para la disidencia, lo irreductible. Por esta razón, ella sola puede incluir y eventualmente dar paso al psicoanálisis: así como un análisis apunta a la diferencia absoluta, es decir el revés de producir individuos homologados al pensamiento dominante, de la misma manera el psicoanálisis como discurso, desde muy pronto, ya con Freud, plantea una crítica de la sociedad mostrando el malestar que ella estructuralmente produce.
Ahora, el declive del Nombre del Padre y el ascenso al cenit de los objetos de goce en detrimento de los ideales, plantean cada vez más un problema de legitimidad de los poderes constituidos. Que sea la legitimidad del psicoanálisis, de quien educa o de quien gobierna, estas “profesiones imposibles” están cuestionadas en sus fundamentos.
La respuesta del estado es la de regular, en términos cada vez más estrictos y más burocráticos, las profesiones que se ocupan de estos ámbitos – podemos referirnos, en lo que concierne a las profesiones de cura y educación, al aumento en el número de títulos y “créditos” a acumular -, con la paradoja de una legitimidad de la forma que resulta ser impotente en el plano de la “sustancia”.
Giorgio Agamben, en un texto de hace algunos años, resalta la importancia de distinguir “entre dos principios fundamentales de nuestra tradición ético-política, de la cual nuestras sociedades parecen haber perdido conciencia: legitimidad y legalidad”[2]. Agamben continúa: “Si, como sucedió en los regímenes totalitarios del siglo XX, la legitimidad pretende ser sin legalidad, entonces la máquina política da rodeos con resultados a menudo letales; si, por otro lado, como es el caso en las democracias modernas, el principio legítimo de la soberanía popular se reduce en el momento electoral y se resuelve en normas procesales legalmente establecidas, es probable que la legitimidad desaparezca en la ley y la maquinaria política se paralice igualmente “[3].
La cuestión de la legitimidad, que ya no está garantizada por el Nombre del Padre, no puede resolverse simplemente en términos de legalidad, lo que la reduce a normas y protocolos a seguir, aunque legalmente irrefutables, y aplana aquellas profesiones imposibles en procedimientos técnicos que sería suficiente aplicar para obtener un buen gobierno, así como una buena educación o un buen cuidado.
En 1958, Lacan escribió: “Pretendemos mostrar en qué la impotencia para sostener auténticamente una praxis, se reduce, como es corriente en la historia de los hombres, al ejercicio de un poder”.[4] Lacan advirtió que cuanto más nos sustraemos a la responsabilidad que una “práctica auténtica”, como la de educar, gobernar y psicoanalizar necesita, más caemos en el ejercicio del poder, que puede manifestarse en términos de seducción y sugerencia o en términos de prevaricación y autoritarismo.
La respuesta del psicoanálisis, en su ámbito de competencia, se basa más bien en la demostración, caso por caso, de savoir y faire con lo que es irreducible en un psicoanálisis, es decir en la asunción de la responsabilidad de su acto irreductible a cualquier garantía, si bien sometiéndose a regulaciones estatales. Desde este punto de vista, ¿puede el psicoanálisis transmitir algo a otras “profesiones imposibles”? Es la apuesta que hará que nos encontremos en Turín.

*Psicoanalista, miembro de la AMP (ELP).

[1] S. Freud, Análisis terminable e interminable (1937), Obras completas, vol. XXIII

[2] G. Agamben, Il mistero del male. Benedetto XVI e la fine dei tempi, Laterza, Bari, p. 6.

[3] Ibidem, p. 8.

[4] J. Lacan, La dirección de la cura y los principios de su poder, Escritos vol. 2, Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires 1985, p.566.

 

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