Legalidad y Legitimidad

 

Mercedes Iglesias

 

* Semblantes y Sinthome son palabras que remiten en la actualidad al modo en que el psicoanálisis nombra su tensión irreversible: significante y goce, lenguaje y lengua, palabra y pulsión, etc.; ambos términos conforman la subjetividad a partir de la cual se constituye el hablanteser. Del mismo modo, legalidad y legitimidad expresan una tensión que ha existido entre el mundo ético político y el derecho positivo. Sin embargo, hoy en día, el discurso político así como el discurso del mercado generan el efecto aparente de anular estas distinciones.

* Los términos legalidad y legitimidad constituyen una tensión que caracteriza gran parte del pensamiento occidental, aunque como sostiene Habermas[i], la Metafísica de lo Uno ha intentado abolir las paradojas a las que hemos estado sometidos: destacando la primacía de la identidad sobre la diferencia. Parecería que todos los últimos movimientos filosóficos revierten esta tesis, puesto que han otorgado predominio a la diferencia: cada individuo tiene el derecho a establecer su diferencia. Sin embargo, esta exaltación de la diferencia oculta una trampa.

Estado y ley han sido dos términos constituidos conjuntamente. Con el estado moderno, la legitimidad del Estado y sus leyes estaba basada en la voluntad o bien común. Admitir esta distinción supone reconocer la tensión entre lo ético-político por un lado, y, por otro, la existencia de la ley positiva, de lo legal como distinto de lo legítimo. Así, lo legítimo tiene una especie de fundamentación, pero también da a entender que más allá de lo positivo, existe siempre la posibilidad que emerjan en el terreno social condiciones de legitimidad no contempladas en el derecho positivo: como el voto de las mujeres, los movimientos ecológicos. Es decir, supone admitir una suerte de no-todo, de distancia, de no absorción de la totalidad de lo social. Esto implica reconocer la existencia de un otro simbólico, referencial por contraposición a una otredad que no es posible que sea sometida a lo simbólico, un goce-otro que escapa a las coordinadas de lo simbólico.

En el siglo XX el fundamento de legitimidad del Estado ha sido el concepto de democracia. Esta, sin embargo, admitía la distinción entre la democracia formal y la democracia efectiva y real: una sospecha en torno a que lo planteado no se actualizaba efectivamente.[ii] Es una democracia que mantiene la no identidad y la diferencia incluyendo el litigio correspondiente.

* Esta tensión que impide la totalización existe en el pensamiento freudiano. Establece así una formulación política: la ley no es aquello que se mantiene como externo al individuo o como mandato interior, la ley comporta una relación estructural con la pulsión de muerte. Supone un desmantelamiento que deja lugar a la ‘ambivalencia’ y a la tensión. En esta misma dirección apunta Lacan, quien articula el discurso analítico como el revés del discurso del amo. Todo amo quiere que las cosas funcionen. Al referirse a la muerte del padre, Lacan sostiene que hay cierta idea de que el psicoanálisis ‘de alguna manera nos liberara de la ley’. «Creo que no se trata de eso y éste es todo el sentido de lo que llamo el reverso del psicoanálisis.»[iii] Lidiar con el goce pulsional supone adentrarnos sin más en el terreno político. El goce pulsional será entendido como aquello que emergerá siempre, que divide al sujeto. Para el psicoanálisis la existencia de lo real no es una instancia entre otras; no es algo que puede eludirse, no es una opción, no es un semblante: es una existencia que emerge y golpea al sujeto más allá de todo discurso, y esto no sucede sólo a nivel de los individuos sino también adviene a nivel político, como hemos visto con la reciente crisis de Estados Unidos. Lo que esta crisis ha permitido mostrar es justamente que todos los discursos con los cuales las actuales democracias han intentado legitimar la práctica de un discurso capitalista, se han hecho bajo figuras de semblantes.

* Esta legitimación se ha establecido construyendo semblantes de discurso que rompen la brecha y la indeterminación necesaria entre legitimidad y derecho positivo, mediante: i) la anulación aparente de toda diferencia entre semblante y realidad; ii) las leyes jurídicas que se basan en los expertos, en las comisiones, en los evaluadores, en las estadísticas; iii) los sondeos permanentes de la opinión pública, identificando siempre lo que aparece en la imagen de los medios como si fuera la realidad; iv) colocando como eje la ley del mercado.

* Frente a esto, la tarea política del psicoanálisis posee desde el inicio una paradoja: tiene que proponer soluciones a la civilización, tomar posición ante ella y, sin embargo, en ningún momento plantearse como una propuesta de carácter universal; no se trata de convertir el discurso analítico en una visión del mundo.[iv] De este modo denunciamos ‘la mentira de la civilización’ que pretende obturar la falla, negar la existencia de un real que es ‘sin ley’ y que adviene desde la más absoluta de las contingencias. Se trata de dar  un espacio subjetivo a esta otredad singular y sin ley.

* Pero también es nuestra tarea señalar que esta brecha existente entre los términos tratados no se puede aniquilar, que esta tensión no se puede eliminar. Esta debe permanecer por oposición a una lógica que nunca ha dejado de querer estar bajo el dominio de lo Uno aunque disfrazada bajo la apariencia de tolerancia y diversidad. Nuestra tarea es así muy modesta ciertamente, pero nada fácil.

*Psicoanalista, miembro de la AMP (NEL).

Publicado en Scilicet “Semblantes y sinthome”, Grama ediciones, 2009.

[i] Habermas, J. Pensamiento Postmetafísico, Madrid, Alfaguara, 1990. p.39.

[ii] Rancière, J. ‘Democracia y post-democracia’ en Ideas y valores, Bogotá, Revista Colombiana de Filosofía,1995, pp. 23-40.

[iii] Lacan, J. El reverso del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1992. Capítulo VIII, p.126

[iv] Laia, Sergio. ‘El psicoanálisis aplicado a la terapéutica y la política del psicoanálisis hoy’. Ponencia realizada en las Jornadas de la NEL, Lima, 2008.

 

 

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